La cara diaria de «Gran Hermano» considera que las cadenas no dejan de ser empresas que necesitan ganar dinero y «dan lo que la gente consume»
09 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Óscar Martínez ha hecho todo en televisión. Empezó desde abajo, a los 13 años, como ayudante en una cadena local y se ha convertido en uno de los rostros conocidos de la pequeña pantalla. Telemadrid, donde presentó el tiempo, fue su trampolín. En TVE abrió un nuevo capítulo en su carrera como conductor de talk shows y ahora presenta los resúmenes de Gran Hermano . -No tenía ningún programa y me hicieron una oferta muy atractiva. Por ello decidí que era bueno cambiar de aires. -Después de llegar a un público femenino maduro, ahora trabaja para un sector más joven. ¿Cómo se nota? -Después de haber hecho de todo, lo importante en televisión es ser uno mismo. No creo que antes gustase más a las mujeres maduras. Ahora el público es más comercial, más juvenil y yo no cambio por eso. -¿Le gustaría volver a presentar un «talk-show»? -Sí. Es uno de los géneros más difíciles para un presentador. Probablemente en este tipo de programas es donde más he crecido profesionalmente. Me encanta la tele y estoy enamorado de mi trabajo, por lo que no me importa el tipo de programa. -¿No teme convertirse en una estrella mediática y perder su vida privada? -Esta profesión tiene un lado bueno y uno malo. El sueño de cualquier presentador es llegar a ser un crack , pero eso conlleva no tener tanta vida privada. Ahora la gente te mira y no puedes salir a determinados sitios y con determinadas personas, lo que te limita tú vida privada. Ojalá algún día llegue a ser un rostro imprescindible, aunque en esta profesión no hay nadie imprescindible. -¿Se hace una televisión de calidad en España? -Se hace la televisión que la gente quiere. Si hay tanto corazón y un poco de griterío es porque la gente lo demanda. Esto es una empresa para ganar dinero y las televisiones dan lo que la gente consume. Otras cadenas apuestan más por una calidad , pero es muy difícil encontrar el punto entre calidad y audiencia. -¿Y la «telebasura»? -Es un concepto muy ambiguo. Puedo decir los programas que están bien hechos y los que no. A mí no me gustan los programas en los que se falta el respeto, en los que no hay educación, a los que va la gente a contar su vida privada y sus trapos sucios. Eso me da vergüenza ajena. En todos los programas que hago trato de dignificar las cosas. Hay programas de corazón que son exquisitos y otros en los que el griterío y la falta de educación están a la orden del día.