La noche más norteamericana

Cesar Wonenburger REDACCIÓN

TELEVISIÓN

Las televisiones españolas que siguieron la jornada electoral en Estados Unidos apostaron por la victoria de John Kerry, aunque se acostaron con la de Bush

03 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Las teles norteamericanas habían aprendido la lección en el año 2000, cuando la mayoría de sus presentadores proclamaron indistintamente a Gore o a Bush como ganadores, varias veces. Las encuestas a pie de urna suelen ser bombas-trampa, el mejor camino hacia el ridículo. Su contención, como ocurrió con la CNN, contrastó con la alegría de las cadenas españolas, encantadas de poder anunciar, casi desde el primer minuto, la aplastante victoria del dúo Kerry-Edwards. Los más entusiastas en proclamar el triunfo demócrata, sin duda, fueron los de la madrugadora La Primera. Mientras Sardá ofrecía aún útiles consejos acerca de cómo practicar el sexo tántrico, los sesudos analistas de la cadena pública (ninguna mujer, por cierto) auguraban una clara victoria de Kerry enarbolando dos datos: el récord de participación y las traicioneras encuestas. La Primera Con la seguridad que da ver el mundo a través de unas gafas de sólida pasta, los intelectuales de La Primera no tuvieron ningún reparo en modificar su uniforme discurso en cuanto se vio que el color de las urnas era distinto del pregonado. La idea inicial de que los norteamericanos le habían dado su merecido al «cafre de Texas» mudó pronto en resignada decepción con un toque paternalista, eso que el halcón Rumsfeld llamaría la típica arrogancia europea: «Pobre gente, se han encomendado a Bush porque tienen miedo», pasó a ser el nuevo mensaje. E incluso cuando ya parecía claro que Teresa Heinz no llevaría su célebre ketchup a la Casa Blanca, al desconocido moderador del debate de La Primera se le escapó un «llegan malas noticias de los Grandes Lagos», inocuo desliz de objetividad. Antena 3 y Telecinco Aunque mucho menos parciales en sus apreciaciones, con un perfil más informativo, las privadas, Antena 3 y Telecinco, también incurrieron al principio en el error de atribuirle al candidato demócrata una posible victoria; si bien la antigua «cadena amiga» enmendó inmediatamente la plana conectando a cada paso con la CBS para ofrecer, traducidos, los sobrios comentarios de un Dan Rather que se limitaba a exponer «just the facts», los hechos confirmados de votos ya escrutados. Cuando se vio que Kerry sólo ganaría su jubilación, no hubo en las privadas muecas despectivas ni afirmaciones del tipo «estos norteamericanos son un poco idiotas». Con el típico y sencillo pragmatismo anglosajón, Rudolph Giuliani lo había dejado ya muy claro en la CNN: «Desde el 11-S no ha habido nuevos atentados en suelo americano; Bush ha hecho bien su trabajo manteniéndonos a salvo de terroristas. Por eso seguirá». Tanto por una como por otra cadena en abierto desfilaron partidarios de ambas candidaturas. Antena 3, en un canónico ejercicio de información plural, llevó a su plató a un representante demócrata y a otro republicano, para oír sus distintos puntos de vista. Todas las cadenas llenaron, además, sus tiempos muertos con reportajes sobre el sistema electoral. Gracias a ese colosal esfuerzo, un gallego puede saber hoy cuántos votos electorales aporta Wisconsin, y al mismo tiempo, ignorarlo todo acerca de los principios que inspiran la carta magna europea.