El mundo de la música pop, en especial en el Reino Unido, recibió ayer primero con sorpresa y después con consternación la noticia de la muerte de John Peel. El veterano locutor de radio, cuya carrera profesional de más de cuarenta años se desarrolló casi por completo en la BBC, falleció en la ciudad peruana de Cuzco, a causa de un ataque al corazón. Peel, de 65 años, se había desplazado a Perú acompañado de su esposa, Sheila, en un viaje que mezclaba placer con trabajo. El pop tiene motivos de sobra para estar de luto. El nombre de Peel es sinónimo de olfato musical. El locutor se especializó en descubrir nuevos talentos en las remesas de cintas que le enviaban artistas desconocidos. Él seleccionaba lo que le parecía mejor para que pudiesen grabar sus canciones en los estudios de la BBC y luego ser emitidas por la radio. De aquellas promesas se pueden citar nombres como David Bowie, Marc Bolan, Nirvana, The Smiths, o The Jesus and Mary Chain. Contar con unas Peel sessions en el currículum era un orgullo para cualquier grupo. Fue difícil para John Peel mantener su olfato y su criterio por encima de los vaivenes estilísticos del pop. Sus propios compañeros de la BBC lo vapulearon cuando abrazó el punk; ellos aún seguían programando la música de los supergrupos. De aquella fe ciega en la regeneración musical pervivió el espíritu por estar a la vanguardia y surgió también la canción favorita de Peel: Teenage kicks, de The Undertones. Ayer, en cuanto se supo la noticia, las radios la emitieron de inmediato, entre declaraciones sentidas de lo mejor del pop inglés actual.