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08 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LA NOTICIA del jueves fue la detención del psicópata que asesinó a dos mujeres policías en prácticas. De inmediato las televisiones se volcaron en un tema que había monopolizado los espacios centrados en el morbo y los sucesos. Como es lógico, el magacín Esto es vida (La Primera), que entra a las siete de la tarde con Juan Ramón Lucas de conductor, abrió con el tema aunque se pareció un poco al camarote de los hermanos Marx. Las cosas del directo impidieron que la normalidad dominara en sendas conexiones con los pueblos que lloraban a sus muertas. Había que estar al loro y Lucas pagó la factura de la precipitación. Lo lógico sería que el debate posterior tratara sobre los permisos carcelarios a individuos de riesgo, como era el caso. Sin embargo optaron por el derecho a la intimidad y el circo del famoseo, tema antiguo pero vigente. Lucas arrancó con el montaje de un encuentro que él mismo mantenía en una terraza con una compañera del equipo, supuestamente filmado por paparazzi . Los tres invitados llevaban razón, pero eso tampoco podía hacer olvidar la raíz del problema. La propia tele engendró monstruos y maneras que ahora se intentan cuestionar porque la opinión pública está harta. Intimidad, vida pública, vida privada, todo se lo pasó por el forro de unos años para acá. Vale, si esto es síntoma de cansancio, bienvenido sea (que ya era hora).