LA COSTUMBRE dicta que por septiembre, la tele se atiborra de anuncios de colecciones. Desde hace muchas lunas. Pero este año se adelantó ligeramente, a mediados de agosto. Miniaturas, películas y libros convierten a todas las cadenas en una especie de bazar. Se supone que estas campañas no son una casualidad y que hay departamentos de mercado que apuestan por estas fechas por algún motivo sociológico y económico vetado a los profanos. Con todo, y a primera vista, se hace necesario rechazar muchas de ellas, porque los pisos son lo que son, los trasteros son cajones y los bolsillos están como los del pobre Carpanta, con telarañas... Coches de bomberos, la moto de Sete Gibernau, los inventos de Da Vinci, abanicos, relojes, el Juan Sebastián Elcano , trenes, libros de Saramago, películas de Cantinflas y láminas para pintar son algunos de los productos machacados estos días, aunque la oleada aumentará hasta que septiembre consuma sus días. Visualmente son spots nada aparatosos. Incluso de duración breve para economizar costos de emisión e impedir que la retina capte imperfecciones. Los promotores saben que las tiradas de lanzamiento suelen agotarse y ahí ya hay negocio. Después ya casi da lo mismo. Las colecciones rechazadas, desaparecen en pocas semanas. Tinglado consumista.