INTERFERENCIAS

25 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PORTUGAL-Inglaterra acabó en prórroga y aunque el viento fresco con que se largó España de la Eurocopa 2004 afectó seriamente a su seguimiento televisivo, la emoción regresó a la noche del jueves. Quizá no tanto como el chasco del España-Portugal (más de 10 millones...), pero repuntó en parte por el duelo de galácticos Figo-Beckham o viceversa. Incluso es posible que los minutos finales, prórroga incluida, contribuyeran a electrizar un partido que acertaba en lo que exige la tele: espectáculo vibrante. 0-1 y 1-1 en los noventa minutos. 2-1 y 2-2 en la prórroga. Finalmente decidieron los penaltis y el marido de Victoria, va y manda el balón a Londres... Por razones de estrategia económico-mediática, siempre conviene que el país anfitrión llegue lo más lejos posible. De caer Portugal, y después de perder a la mayoría de los casi 20.000 españoles que se acercaron a gastarse sus dineros, el asunto habría adquirido dimensiones de catástrofe, queda mucha competición. Conste que la derrota lusa en nada afectaría a la audiencia de TVE, que una vez eliminada España ya no logró acercarse a los cuatro millones. Por debajo de esa cifra están los recalcitrantes, que igual miran un Sudán-República de Malí... Sólo a veces, cuando de un partido vibrante surge una prórroga electrizante, el resto de mortales televidentes optan por subirse al carro.