McCartney recupera el flequillo

Camilo Franco ENVIADO ESPECIAL | GIJÓN

TELEVISIÓN

El músico inició su gira europea con un concierto consistente, enérgico y sin naftalina Pese a los rumores, los Príncipes no acudieron al estadio del Molinón

26 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Paul McCartney cree en el ayer. En la gira europea que inició en Gijón, el músico regresa al lugar al que perteneció en otro tiempo: al territorio beatle. El concierto se inició sin titubeos y sin los Príncipes: los rumores los situaban en el palco, pero en el palco estaba el presidente asturiano. A McCartney tanto le daba, salió dispuesto a demostrar quién fue en el pasado, quién es ahora y lo viva que está todavía la herencia beatle. Paul McCartney es un músico que se lo curra: dos horas y media de grandísimos éxitos, sin salirse del foco ni un momento. Le gusta demostrar su versatilidad y para eso el espectáculo que estará mañana en Lisboa y el domingo en Madrid va cambiando de temperatura. Comienza con Jet , una canción de la etapa con los Wings, para entrar en calor porque, sin respiro, el ex-beatle comienza con las sorpresas. Una parte del concierto está dedicado a desempolvar canciones del repertorio beatle que nunca llegaron a primera línea porque en el grupo había mucha competencia: Got to get to into my life , You won't see me o She's a woman . Una grande Entre unas y otras, McCartney coloca una de las grandes, por ejemplo, All my loving , para que la gente olvide a Los Manolos y recuerde que este mismo señor y sus no menos importantes compañeros fueron quienes, con la misma canción, dejaron pegados al televisor a 70 millones de norteamericanos hace 40 años. Después de reivindicar ese patrimonio musical grabado una vez en los sesenta y luego olvidado, For no one, I've just seen a face , McCartney ofrece su particular capítulo acústico. Se queda sólo y canta Blackbird como siempre fue y We can work in out a la guitarra. Le sirve el entreacto para recordar a John, George y hasta para llamar por Ringo que tampoco acudió. Después del respiro desenchufado y de Penny Lane comienza la apoteosis: esas canciones que Lennon definió como rock McCartney: Get Back , Lady Madonna , Back in the URSS . Paul es un músico respetuoso con su pasado, las canciones suenan como el público espera: consistentes, enérgicas, directas y sin naftalina. Para el primer aviso de final queda Hey Jude y el estadio tararea. Paul hace que se va, pero siempre vuelve. Le falta Yesterday, que parece menos melancólica cantada por 25.000 personas. Sgt Pepper devuelve a McCartney al territorio feliz de los sesenta en los que nació el pop bajo el cielo azul de los suburbios.