BUEN trabajo costaría a los informativos de ayer en la casi totalidad de las televisiones, dar la noticia al mediodía de que la industria del cine pornográfico de Estados Unidos está que se kgaxlapata después de saberse que uno de sus actores más populares, Darren James, era portador del virus del sida. Que a la industria norteamericana le entre el pánico, es su problema. El VIH es cosa más seria y las campañas de prevención numerosas. El hecho tenía la suficiente entidad como para tomárselo muy en serio porque la industria del porno es universal. Pero había la inconveniencia de ilustrarla, y el único recurso disponible eran imágenes de películas o de sus rodajes, con lo cual a más de uno se le habrá atragantado el informativo. Desnudos, contorsiones y besuqueos, constituían la única alternativa. Sin embargo se trataba de llamar la atención sobre el sida y las consecuencias de la relajación en su prevención. Si alguien se escandalizó, no vive en el mundo real. Y el cine porno existe porque hay quien lo consume. También existe el sida, pero este no admite frivolidades.