DE TANTO sacarlo por la tele, Bush Jr. es como de la familia. Pero esta proliferación de imágenes lo empequeñen física e intelectualmente. Será el sheriff mundial, pero John Wayne, que también era muy de derechas y llevó la estrella de la Ley y el Orden en un buen puñado de westerns , lo era mucho más por sus casi dos metros y su andar imitando a John Ford. Cuando sacan a Bush en ligero contrapicado caminando hacia el atril de la Casa Blanca, su figura no solo se encoge, es que además se le ve incómodo por no calzar camperas, y sobre todo porque arquea sus brazos de cowboy, pero de figurante en un serie B. Irak ebulle y Bush Jr. debe tranquilizar a los suyos, y por añadidura lo oímos en todo el mundo porque sus palabras repercuten, pero cada vez que asoma su voz tejana y su vocabulario de parvulario, se hace imposible eludir la histeria sino fuera porque con sus decisiones, el mundo es un polvorín. Las jaimitadas de la política hacen que reciba a Sharon Exterminator y ambos aparezcan felices ante las cámaras. Tan escaso se ve a Bush Jr., que hasta le parece bien el muro de la vergüenza que aquel levanta ante los palestinos. Conste que su rival, John Kerry no es un Apolo televisivo, pero al menos tiene pinta de leer algo más que resúmenes. Y quien lee, piensa...