YA QUE AHORA no resulta tan frecuente poder escuchar en Galicia a agrupaciones internacionales de primer nivel, la expectación que había levantado la visita de Il Giardino Armonico y Viktoria Mullova a Santiago era comprensible. El Auditorio compostelano volvió a vivir otra jornada para el recuerdo con la presencia de una de las mejores agrupaciones historicistas y una violinista de auténtico ensueño que ha tenido la valentía de partir casi de cero para olvidar lo aprendido junto a Chaicovski y Paganini y sumergirse sin complejos en esta nueva experiencia barroca. Al danzarín Antonini y a la elegante intérprete rusa les une una misma pasión: comunicar, y ambos lo consiguen con creces, logrando dotar de frescura, de intención lo que en otras manos puede sonar fuera de época, caduco. A Mullova le encanta el jazz, y con el ensemble que ella misma creó a veces toca música de Miles Davis y otros colosos del jazz junto a su inseparable Julius Falk, instrumento salido del taller de Stradivarius. Antonini ha reivindicado que la música barroca debe ser tan «expresiva como el jazz o el blues». La conexión entre ambos parece evidente. De ese mutuo entendimiento parece haber surgido esta apasionante relación artística que tan buenos resultados está dando. Al trabajo de Il Giardino no se le puede poner un pero; alguien decía la otra noche: «La perfección existe». No hay trucos: mucho trabajo e ideas muy claras. Antonini no es un iluminado; vio un camino, decidió apuntarse y ahora recoge los frutos. Mullova no se queda corta, en Vivaldi las cotas de virtuosismo alcanzadas deslumbran, pero en su caso, como ocurre con los grandes, la técnica pasa a un segundo término, se encuentra al servicio de un mensaje que llega diáfano a los oídos. Qué manera de hacer música. El público enloqueció. Auditorio de Galicia. Il Giardino Armonico. Giovanni Antonini, dir. Viktoria Mullova, dir. Obras de Haendel, Vivaldi y Sanmartín.