27 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

PUEDE QUE sea brusca la reflexión, pero en plena fiebre esclavista, ofertaban desnudos a hombres y mujeres para estimular a los compradores. Mercados de carne humana. Los tiempos cambiaron, pero ahora inventaron algo tan rancio como las galas para elegir a señoras guapas y colocarles una banda que las corona reinas por un año. Como Miss España 2004 que anteayer emitió Telecinco en prime time . Un peñazo de tres horas y pico, que pese a La Oreja de Van Gogh y a Estopa como animadores musicales, tenía su plato fuerte en una amplia colección de bellezas provincianas (procedentes de provincias...) en dos piezas. Con tales piezas, superior e inferior cual bikini, las chicas, de las que previamente sabíamos peso, medidas y edad, se paseaban por el escenario como mandan los cánones en estos certámenes que, guste o disguste, son de otros tiempos. Quizá para disimular, para que no pareciera demasiado exhibicionista, las sacaron con otras ropas. Daba lo mismo. Espectáculos así fomentan complejos entre la parroquia femenina y van a la líbido de la parroquia contraria, mientras otros negocian a cuenta de las ilusiones de unas chicas agraciadas por la naturaleza. Si estamos por la igualdad, por la no discriminación, por una sociedad no sexista, que la tele dé coba la Gala Miss España, sobra.