La cadena Telecinco anunciaba esta semana que el jueves se emitiría un capítulo especial de Los Serrano -que habitualmente se pasa los martes- para «celebrar» el regreso a la serie de Belén Rueda, que estuvo casi ausente durante una temporada porque estuvo rodando la película Mar adentro, de Alejandro Amenabar (y que cuenta la historia del sonense Ramón Sampedro). Sin embargo, ayer se reconocía abiertamente que el cambio es inevitable. A partir de ahora las galas de Gran Hermano Vip se emitirán los martes y dos días después será la singular familiar de los Serrano la que ocupe el prime time de la cadena de Mediaset. Las consecuencias son varias: por una parte, se impide que la nueva serie de Emilio Aragón, Casi perfectos, que se emite en Antena 3 el jueves por la noche, despegue en la programación; por otra, se queda sin perspectivas de éxito el musical de TVE Paco y Veva, que se había hecho un huequecito el jueves. Y, además, los seguidores de GH Vip tendrán que readaptarse porque las galas de GH son, desde hace seis ediciones, los jueves (También tendrá readaptarse también su presentador, Jesús Vázquez, que lunes y martes graba Allá tú , su otro programa en Telecinco, en Barcelona) Ante semejante desbarajuste, todas las preguntas se reducen a una: ¿por qué? Y sólo parece que exista una respuesta lógica: para que la nueva serie de Emilio Aragón, que abandonó Telecinco para irse a la competencia, se hunda o cuando menos no pueda triunfar. ¿A quién beneficia? Tal vez este no sea el motivo del cambio de programación, pero lo cierto es que lo parece, porque es difícil pensar que alguien salga beneficiado con el cambio. Por ejemplo, esta noche, tras Siete vidas, Telecinco pasará la gala que tenía que haber emitido el jueves pasado y dos días después tendrá otra igual. Esto hace que el esfuerzo organizador sea muy más complejo pero, sobre todo, que se descompense la cadencia de espacios relacionados con el reality. Contraprogramación En los medios, igualmente, se recuerda que todos estos cambios de última hora, que caen unos sobre otros como un dominó, es una auténtica burla a la normativa del Ministerio de Fomento para evitar la contraprogramación, y también constituye una afrenta al público, que no sabe cómo quedará la parrilla. Como es lógico, todo esto repercute en la imagen de Telecinco, que en su momento se aprovechó del descorazonamiento que provocaban en la audiencia de Antena 3 los constantes cambios en la programación.