«La 'movida' hizo del exceso un modo de conocimiento»

Miguel Lorenci MADRID

TELEVISIÓN

ÁNGEL DÍAZ

La escritora madrileña publica «Castillos de cartón», una historia ambientada en los años ochenta, que la creadora recuerda con «nostalgia consciente»

03 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

«No es una novela sobre la 'movida'. Trata de desvelar el espíritu de aquel tiempo irrepetible». Le importa a Almudena Grandes (Madrid, 1960) hacer de partida esta precisión al presentar su nueva novela, Castillos de cartón (Tusquets), en la que bucea la esencia de aquella era libérrima, indómita y creativa de la que apenas nos quedan sus cenizas. Vuelve Almudena Grandes a los luminosos ochenta a través de tres espíritus sensibles y libres que fueron un trío de cama quebrado por un suicidio. A su través nos conduce por aquellos días «felices y sin culpa». -¿Por qué eligió tres estudiantes de Bellas Artes que se entregan al placer de vivir en los 80? -La pintura me permitía trasponer conflictos y problemas sobre los que cualquier escritor ha reflexionado. Nunca he escrito sobre escritores. Me da pereza y es un coñazo que tus protagonistas hagan el mismo trabajo que tú. Pero quería que fueran creadores para organizar un juego de poder y compensarlo. Los ejes de poder son aquí el arte y el sexo. -El título sugiere que fue un tiempo maravilloso, pero que se desmoronó como un castillo de naipes. -Es un verso de la canción Para ti (Paraíso) que es la banda sonora de la novela. Refleja bien la fortaleza de las cosas frágiles y la fragilidad de las fortalezas. Eso tiene que ver con la historia que une a los personajes. Piensan que es sólida, que les hace mejores y más felices, pero es una construcción tan frágil que no resiste ni al tiempo ni al encuentro de cada cual consigo mismo. Es un juego de apariencias en una burbuja. Iba a ser un cuento titulado Demasiado amor que yo, que soy una escritora valiente, traté de mantener. Pero alguien me abrió los ojos diciéndome que no compraría un libro con ese título, aunque fuera mío. -Los triángulos amorosos ¿están condenados al fracaso? -Quizá los triángulos triunfen, pero éste es un trío. Es distinto. No quería una historia de dos más uno, que es lo que son los triángulos. Esta es una historia de amor entre tres, mucho más sencillo de formular, pero más difícil de sostener. Cualquier historia de amor es difícil que perdure, y más las condicionadas desde el principio, como ésta. Es un equilibrio distinto y complejo. Es un trío, además, que nace de la inocencia de los personajes y no de su perversidad, aunque ellos traten de ser perversos. -¿Está escrita desde la nostalgia? -Una nostalgia consciente de los ochenta. No quería escribir una novela sobre la 'movida'. Ni hay bares, ni un catálogo exhaustivo de personajes. Los símbolos, pequeños y potentes, son la canción Para ti y las paredes pintadas de negro de los bares. Trato de reflejar el espíritu de la movida, aquella curiosidad universal que convirtió el exceso en un modo de conocimiento y que excluía la culpa. Había una libertad radical para tomar decisiones sin pensar en la opinión de los demás. Fue característico de los ochenta y no podía haber ocurrido ni antes ni después. -¿Que hacía una chica como usted en un tiempo como aquel? -Divertirme. Hacerme mayor. En aquella época todo era mejor que ahora y todos éramos mejores que ahora. Nada es como entonces. -¿Un tiempo más luminoso que el actual? -Sin duda. Evocar aquellas luces desde la oscuridad roñosa que vivimos ahora me resultó irresistible e imprescindible. -¿Qué nos queda, además del cine del Almodóvar y las cenizas de aquellos días? -El estupor de quienes creímos que todo estaba hecho. Fue la década prodigiosa. Una generación bendita, los escogidos para la gloria, la de los jóvenes prodigiosos en la que todo era flamante... Creímos que nunca las cosas podrían volver atrás. Que el progreso es una línea recta, como creen los niños y los pobres de espíritu. Hoy sabemos que el progreso es un azar milagroso y que todo puede desmoronarse y retroceder con una facilidad pasmosa. Hoy estamos instalados en la amarga perplejidad de comprobar que hemos ido hacia atrás como los cangrejos. -Muchos, además, se quedaron el camino. -El sentido lúdico y trágico de aquella generación es definitivo. Todos tenemos muertos por sobredosis, sida o suicidio, pero aún así, fue un tiempo marcado por la falta de culpa. Algo que sólo ve Jose, la narradora, que encarna esa edad sin culpa. Tratará de sentirse culpable, pero no podrá. -Han pasado quince años desde «Las edades de Lulú», bombazo editorial y cinematográfico. -Mucho tiempo, sí. Ahora se cumple el contrato que me ligaba al editor y voy a revisarlo. Habrá una edición corregida, que tenía muchas ganas de hacer y para la que ha llegado el momento. Si sigue interesando, se merece una edición más digna. Además, tengo media docena de cuentos en el limbo, los que iban con estos Castillos de Cartón , y otra novela larga entre manos.