Crónica | Los conciertos del San Froilán
09 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Se suponía que los Barricada aterrizaban en Lugo como teloneros de Rosendo pero le cargaron las pilas a la ciudad. Fue más de hora y media de tensión a tope ya desde el primer momento, a pesar de que los biorritmos del público iban más relajados. Ayudado por un mal sonido que hacía ininteligibles las letras, El Drogas echaba fuego por la boca. Sólo en los brevísimos intervalos se le entendían perfectamente los gritos de apoyo a Nunca Máis, que arreciaron cuando le lanzaron una bandera. También comprendimos con claridad sus deseos con respecto a la salud del Papa y del presidente de la Xunta. En la puerta y en el bar del pabellón, grupos de forofos hacían el tiempo esperando a que actuase Rosendo. Abundaban los cuarentones ya con la frente prorrogada hasta el cogote, pero, dándole la razón al rockero de Carabanchel, eran mayoría los que andan por la veintena. Una prolongada pausa para cambiar el escenario rebajó la tensión en el ambiente, porque de lo contrario algunos nos hubiésemos sentido transportados al Teatro Real, o cuando menos al Salón Regio del Círculo de las Artes en día de sinfónica. Para dejar clara su línea, Rosendo dedicó uno de los primeros temas a Antonio Flores, autor de la letra. Predominaron las últimas composiciones, pero también hizo la obligatoria excursión por su larga historia musical. Todavía con el pulso al ritmo marcado por Barricada, tuvieron que transcurrir varias canciones de Avalón para que el corazón recuperase su normalidad y el cerebro asumiese la realidad que estas chicas viguesas imponían a la misma hora en la plaza de Santa María. Sus sucesores en el escenario, Llan de Cubel, tampoco defraudaron. Para algo llevan 19 años en el folk.