ENTRE TINIEBLAS | O |
26 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Un amigo me dijo un día que no había un sólo disco ni un sólo artista de los 80 que mereciera pasar a la Historia. Y esas cosas, a los de mi edad, nos duelen. Robert Palmer es un buen prototipo de aquella gente que protagonizaba los primeros vídeoclips que se difundían masivamente en televisión e incorporaban la música electrónica hasta en las baterías. Era un buen artista. Y una buena persona. Pero no tenía épica. Ni él, ni los de Spandau Ballet, ni los Simple Minds, ni el propio Bono. Los iconos de la generación anterior se morían de sobredosis, ahogados en piscinas o en trágicos accidentes de avión. El bueno de Robert Palmer falleció en un viaje de fin de semana a París con su mujer de un ataque al corazón. Mi amigo tenía razón. A los de los 80 nos falta épica.