«No me gusta la ópera que se hace en estos momentos»

César Wonenburger SANTIAGO

TELEVISIÓN

Su voz, en la que mezcla a partes iguales inteligencia y sensibilidad, estuvo siempre al servicio de causas humanitarias y por ello es Embajadora de Buena Voluntad de la ONU.

03 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Confiesa que lloró cuando supo lo del Prestige . Por eso está encantada de regresar a Santiago y poder mostrar su solidaridad con los gallegos. Su voz, mezcla de belleza, inteligencia y sensibilidad a partes iguales, ha estado siempre al servicio de las mejores causas. No en vano, la soprano de Arkansas dedica buena parte de su vida a los demás, como Embajadora de Buena Voluntad de la ONU. Algo cansada de la rutina en la que ahora están cómodamente instalados los teatros de ópera, Bárbara Hendricks, una de las favoritas del legendario Karajan, interpretará esta noche en Santiago (Auditorio de Galicia, 21 horas) canciones de Nielsen, Fauré, Grieg, Granados y Falla, entre otros. -En los últimos años parece que su interés por el teatro lírico ha disminuido, ¿por qué? -No me gusta como se hace la ópera ahora mismo. Yo pido ensayos, trabajar con mis colegas cantantes todo el tiempo y producciones cuidadas. Y salvo en unos pocos teatros, eso hoy es la excepción. Ahora sólo elijo hacer cosas realmente interesantes, que me estimulen como artista. -Entre las cosas que van cambiando en la música está que hasta la valoración de figuras intocables, como Herbert von Karajan, empiezan a cuestionarse. Al director austriaco, con el que usted colaboró tantas veces, ¿cómo lo recuerda? -Para mí Karajan no era un dictador. Siempre me trató con mucho respeto, desde el principio. Aún cuando yo era muy joven y no tenía mucha experiencia, la relación que él establecía era de igual a igual. Amaba la música y su dedicación era total. No ha habido nadie como él, con ese cuidado por lo detalles, por el color, por la dinámica. Lo echo mucho de menos. Salvo entre los maestros de su generación, como Giulini, no he vuelto a encontrar a nadie como él. Los artistas se hacen poco a poco, que es lo que les ocurrió a ellos. Ahora, con 25 años y el apoyo de una discográfica, hay directores que ya están en la cumbre. Eso no puede ser. -Ahora, los recitales de «lieder», como el que ofrecerá hoy en Santiago, e incluso el jazz ocupan buena parte de su tiempo. ¿Cómo logra conciliar estilos tan diferentes? -Soy una persona curiosa, siempre me ha gustado ir añadiendo cosas nuevas a mi repertorio. Así que después de treinta años de carrera, primero la ópera, luego los recitales y últimamente el jazz han venido gradualmente. Es parte de un proceso que ahora me permite, por ejemplo, cantar en Santiago un programa de «lieder», cuando acabo de hacer en Francia música de Cole Porter, Duke Ellington y George Gershwin, con mi cuarteto de jazz. -Hoy cantará música de Granados y Falla, entre otros. ¿Quiénes han sido sus modelos en el repertorio español? -He llegado a la música española, sobre todo, a través de Victoria de los Angeles, que es una de mis cantantes favoritas en todos los repertorios. Su Manon o su Mimi son referencias. También he escuchado mucho a Pilar Lorengar, sobre todo durante sus años en Berlín, cuando coincidíamos allí, y a Teresa Berganza, a la que también admiro. -Cuando era muy joven, asistió a las legendarias «masterclasses» de Maria callas en la Julliard Scholl de Nueva York. Ahora que tanta falta hacen buenos maestros, ¿no se anima a enseñar? -He dado masterclasses un par de veces, pero para enseñar hay que tener mucho tiempo. Quizá más adelante, cuando disminuyan mis compromisos. Me parece una experiencia muy enriquecedora, por todo lo que tiene de investigación, algo que a mí me encanta. -Dedica mucho tiempo a las causas humanitarias, a través de la Fundación Barbara Hendricks para la Paz y la Reconciliación. ¿Qué le ha parecido como se desarrolló la guerra de Irak? -La forma en la que se planteó el conflicto me pareció una absoluta falta de respeto a los ciudadanos. No se nos dio la oportunidad de poder determinar si aquello era necesario o no. Y la poca información que recibimos estaba manipulada. Fuimos tratados como idiotas. Fue algo muy triste para la democracia.