Todos los premiados recordaron la guerra de Irak y la castástrofe del «Prestige» La reivindicación fue la tónica general y cada invitado lo aplicó a lo que quería
06 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Las mareas son negras, pero la alfombra del teatro sigue siendo roja. Rojo era el color de la cita de Rosa Luxemburgo que adornó el discurso de Eduardo Bautista en la gala de entrega de los Max, que en la noche de ayer alumbró Vigo con las más vistosas luces de la bohemia. Las más visitosas son también las más rebeldes y desde la entrada se dejó sentir el espíritu de «Nunca máis» rodeando a los actores que sobrevolaban el rojo de la moqueta. Espíritu que se fue mezclando a lo largo de la noche con el no a la guerra y con la advertencia continuada de que el problema no ha hecho más que comenzar. Cada quien tiene sus motivos y hay motivos para todos. El chileno Marco Antonio de la Parra recordó a quien hizo teatro en Chile durante la dictadura de Pinochet, y cada uno de los presentadores fue fiel al guión que el Gobierno sospechaba: es el tiempo de protestar y protestaron. Reencuentro Había cosas que celebrar. La gala, por ejemplo, sirvió para el reencuentro sobre los escenario de María Bouzas y María Pujalte, negro con chapa «Nunca máis» la primera, y negro con banda azul la segunda que soltó el ripio de la gala: «Duras menos que dos gaviotas en la playa de Carnota». No menos ocurrentes estuvieron los del dúo Ques quis pas, hace años pasaron por la Mostra de Ribadavia, y que interpretaron su último éxito La mujer del presidente , dedicado con ternura irónica a una integrante del PP en la lista municipal de Madrid que se apellida Botella. La gala fue la más reinvindicativa de las celebradas, no es que fuera difícil atendiendo a las anteriores, pero a cada nueva intervención la intención protestataria iba en aumento. José Prieto, flamante mejor autor gallego del año, recordó que «somos una plaga y nuestro destino sería extinguirnos, pero mientras tanto podríamos echar a los que nos gobiernan y a los que los sucedan si fuera necesario». Sin contar la intervención de Alfonso Sastre, la ganadora del premio mejor autora en euskera Arantxa Iturbe recordó que «puedo hacer muchas cosas en euskera, pero desde meses no puedo leer un periódico en euskera». Serxio Pazos, traje negro con lazo celeste, volvió sobre la «demostrada sensibilidad de la Xunta» con la cultura. Pazos hizo dúo como único presentador en una noche de mujeres con Rossy de Palma, y para no desentonar cambio su indumentaria por un vestido que quedaría estupendo en cualquier presentación de candidatura de lista municipal. No era suficiente: Juan Margallo citó a Sastre para recordar que «hay que dejar las cosas en su sitio, no como están» antes de proclamar «hay que desaznar España».