«Oh happy day»

Juan Torreiro REDACCIÓN

TELEVISIÓN

MANUEL REGUEIRA

El título de la conocida canción gospel Oh happy day viene muy bien para sintetizar el estado de ánimo del público al término del concierto que los Golden Gate Quartet ofrecieron el sábado en el Palacio de la Ópera de A Coruña, en el segundo concierto del ciclo de jazz de la Fundación Barrié.

27 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

En el vestíbulo se produjo uno de esos extraños momentos en los que no oyes división de opiniones, todo eran comentarios favorables, elogios, miradas cómplices, sonrisas de oreja a oreja... Mil quinientas personas no pueden estar equivocadas. Así fue, Golden Gate Quartet desplegó de forma brillante durante casi dos horas su estudiadísimo repertorio de espirituales, en el que destacó, por encima de sus conocidos temas, su gran sentido del espectáculo. Creo que esa fue la clave para poner a todo el mundo de acuerdo. El barítono Paul Brembly y el tenor Clyde Wright, el miembro más antiguo del cuarteto, se convirtieron en los auténticos animadores de la noche, uno por sus extravagantes bailes y el otro por sus gestos, sus bromas y sus continuas invitaciones al público a calentar palmas y de paso a participar del show. Musicalmente los Golden Gate Quartet son impecables. Cuatro voces perfectamente ensambladas y afinadas, tanto cuando suenan al unísono como cuando se desplazan para formar armonía con el objetivo de construir delicadas sonoridades a partir de conocidos temas como Down by the riverside, Oh happy day o The great pretender , por citar algunos, llegando incluso a rapear en algunos fragmentos de las canciones. La legendaria formación estuvo arropada por un discretísimo trío de piano, bajo y batería, y aunque pasó casi inadvertido cumplió su papel a la perfección.