El nivel de la Berlinale decae con dramas humanos de Alemania y Francia

Enrique Müller CORRESPONSAL | BERLÍN

TELEVISIÓN

ARND WIEGMANN

La desesperanza es la clave de las dos películas estrellas presentadas ayer en el festival El francés Patrice Chereau, ganador del Oso de Oro en el 2001, presentó un doliente «Son frère»

11 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

La Berlinale, el festival de cine de Berlin que finaliza el próximo sábado, entró en su recta final con una clara favorita para llevarse el Oso de Oro a Londres, The hours , y con dos buenos ejemplos de que un festival de cine internacional debería ser más riguroso a la hora de seleccionar las cintas que compiten por el máximo trofeo, como ha sido el caso de las que fueron proyectadas ayer: Son frère , de Patrice Chereau, y Lichter , del director alemán Hans-Christian Schimd. Raras veces en un festival de cine internacional dos realizadores europeos concursan con cintas que tienen como telón de fondo un tema recurrente y que no es otro que la muerte y la transformación que sufren los seres humanos cuando tienen que hacer frente a este destino inevitable. Isabel Coixet cautivó al público y a la crítica con La vida sin mí , mientras que ayerPatrice Chereau inquietó a mucha gente con la proyección de su drama, que relata la agonía de un enfermo que es acompañado hacia la muerte por su hermano menor. La muerte de Anne, la protagonista de Coixet, es un canto a la vida, mientras que Chereau vuelve a presentar un sórdido drama humano sin esperanzas, donde mezcla la soledad neurótica de Luc, el hermano menor homosexual de Thomas -el enfermo que deja de luchar y prefiere quitarse la vida- y la incomunicación de dos hermanos que se quieren, pero que jamás han intercambiado sentimientos. «El tema central de la película es mostrar cómo la enfermedad transforma las relaciones humanas más que la propia enfermedad», dijo Chereau al revelar el mensaje que pretende enviar con su cinta. En la frontera Hans-Christian Schmid, el joven realizador alemán, incurrió en la aventura de varios dramas humanos que se desarrollan en Francfort en Oder y Slubice, dos ciudades separadas por el río Oder en la frontera germano-polaca, donde no existe la bondad ni el agradecimiento. Aunque la miseria está bien reflejada, los desenlaces son demasiado obvios y los guionistas tampoco tienen éxito en mostrar el lado oculto de la miseria que aun persiste en muchas regiones del este alemán. La moraleja de Lichten desconcierta. En la frontera no existe el optimismo ni esperanza.