El filme de la cineasta catalana es la única presencia española en la sección oficial La realizadora dice que el festival es un buen escaparate pero que este año el nivel está muy alto
08 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Isabel Coixet es como una isla dentro de la cinematografía española. Le gusta rodar fuera, con actores cotizados y dándole un sello de autor a su trabajo, como acaba de hacer con Mi vida sin mí , única presencia española a competición en la Berlinale, firmada por esta mujer que dice: «Me cuesta contar historias de aquí y ahora». Mañana se proyecta en Berlín Mi vida sin mí , que llegará a las pantallas españolas el próximo 7 de marzo. Isabel Coixet confiesa que la Berlinale le gusta por lo que supone de «escaparate», aunque también le asusta un poco el alto nivel de este año. «Podría haberme tocado otra edición más fácil», dice esta catalana que es consciente de la audiencia tan crítica a la que se enfrenta en el festival: «He visto a gente salirse en masa en otras películas y a los directores llorando, así que sólo espero que la película conecte con el público». Para el guión de Mi vida sin mí , Isabel Coixet partió de un cuento que descubrió en un aeropuerto. «Me enamoré del relato y de la heroína y, aunque intentaba hacer otras cosas, siempre volvía a él, porque veía que podía salir una buena película, una interpretación mía de ese relato», explica Isabel Coixet, quien en medio de la conversación deja caer que le propusieron dirigir Las horas , una de las películas favoritas de cara a los Oscar. «Dije que no, porque ésa es una novela tan buena que no le veía sentido llevarla al cine». Mi vida sin mí narra la vida de una joven madre de familia y con escasos recursos económicos que no ha podido disfrutar de la vida y a la que, un día, le dicen que le quedan apenas dos meses de vida. En ese tiempo, ella intentará vivir todo aquello que no ha podido y, en silencio, sin confesarle a nadie lo que le espera, intentará que su familia encuentre una vida mejor cuando ella falte. Melancolía y drama «Es una película impregnada de melancolía, un drama, pero no un dramón. Quise dejar al final un poquito de esperanza para que su sacrificio, su silencio, sirviera para algo, pensando que la huella que dejamos en los otros es la huella que dejamos en este mundo», confiesa Isabel Coixet, que eligió a la joven actriz canadiense Sarah Polley para encarnar a la joven en la que descansa todo el peso de la película. «Es una actriz tan buena que nunca la pillas interpretando. En las pruebas todas elegían la misma escena, una que les permitía lucirse, pero ella escogió una en la que estaba casi callada y todo el rato sentada, sin espacio físico», señala Coixet, que se fue a rodar a Vancouver por ser «una ciudad tan fría que puede ser cualquier ciudad del mundo y tiene ese clima desapacible que ayuda a meterte en la atmósfera de la película». Y también porque le gusta más rodar fuera, como ya hizo en Cosas que nunca te dije . «Estar a mil kilómetros de distancia de tus amigos y de tu familia hace que el mundo entero no exista», concluye.