Más allá (La 2) evidenció la asfixiante colonización cultural de Hollywood y nos recordó que existen otras películas. TOCA LAS narices que te paren una película, pero ya lo hacen a menudo con los bloques publicitarios (algunos demenciales), así que por una vez hubo que disculparles. Anteayer, La 2 interrumpió las fantásticas imágenes de la joya japonesa Más allá, para dar paso al periodista Francesc Cruanyes, desplazado al Ritz barcelonés. Dispondría de unos minutos para recoger en directo el fallo del Nadal, uno de los premios con más solera del panorama español. Lo de menos son sus 18.000 euros porque a lo que aspira el ganador es a beneficiarse del prestigio que otorga y de la repercusión pública que facilita. Lo saben quienes tienen por pasión la de escribir y como sueño llegar a miles de lectores con sus textos. A esa repercusión contribuyen iniciativas como la de La 2, que ya diera el Planeta. Se podrá decir que entre los objetivos de una televisión pública están los contenidos culturales. Okey, pero es todavía una batalla perdida en las privadas, donde adquiere dimensiones alucinantes. El libro les importa lo que un dólar menos al bolsillo de Billy Gates... Los quince minutos de una retransmisión así contribuyen a que el espectador recuerde que el libro también existe. Naturalmente, el público que sigue a Garci en ¡Qué grande es el cine! se excluye del grupo de riesgo, suelen tener nivel cultural medio alto y con toda probabilidad participan del goce literario, pero dar en directo el Nadal es una empujón más. El consumidor mira demasiada televisión y dedica muy poco a la lectura. Está bien que el medio más beneficiado, la tele, se alíe con el más perjudicado, el libro. Y que el ejemplo cunda.