Su experiencia y conocimientos musicales, la soltura que posee ante las cámaras, pero sobre todo su gran voz, sitúan a Nina como uno de los pilares del éxito de Operación Triunfo , el concurso de Gestmusic que ha roto moldes en televisión. Un espacio que no ha comenzado con muy buen pie esta segunda edición, salpicado por diferentes polémicas y, sobre todo, por las frecuentes visitas de los concursantes a la enfermería. De todo ello habla la cantante catalana, satisfecha de formar parte de este proyecto televisivo. «Nadie, nunca, ha tenido un escaparate tan potente para mostrar su manera de ser, su capacidad», asegura la artista. -La segunda edición de «Operación triunfo» está siendo bastante accidentada. Primero fue la lesión de Enrique Anaut, después el accidente colectivo y, por si fuera poco, Ainhoa sufrió el lunes un ataque de ansiedad. -Sí, pero realmente lo único serio ha sido el accidente. Y serio de verdad, porque podía haber ocurrido una desgracia, ya que cayeron desde una altura considerable. Lo demás son las consecuencias de una enorme presión y de vivir en unos estados emotivos de sube y baja . Pero digamos que eso entra dentro de unos parámetros de la normalidad. -Quizá los participantes están demasiado influidos por lo ocurrido en la edición del año pasado. -Tengo la impresión de que esta vez son muy conscientes de dónde están. No es que no se muestren como son, pero podrían ser más naturales. Eso hace que hayan aguantado muchas emociones que ahora empiezan a aflorar. -Quizá les falta en su plan de estudios una asignatura que podría llamarse «cómo digerir la fama sin atragantarse», o algo así. -Los chicos tienen una psicóloga y todo nuestro apoyo, mucho mayor del que se puede ver en la pantalla. Pero ni ellos ni nadie está preparado para un impacto de tal dimensión. -Que se lo pregunten a Rosa... -Rosa ha tenido un último año muy fuerte y su cuerpo le ha dicho basta. Tiene la voz y la mente cansadas. Ahora pretende reanudar su día a día. Hacer, dentro de lo que cabe, una vida normal, formarse y trabajar para sacar su segundo disco. Pero se ha hecho una bola muy grande de todo esto. Me molesta que se digan cosas que no son verdad, como que estábamos ocultando información cuando se cayeron los chicos. -¿Qué fue lo primero que le pasó por la cabeza cuando se enteró del accidente? -Soy muy fría en ese tipo de situaciones. En estos casos lo que hay que hacer es dar apoyo. Lo primero que hice fue hablar con los compañeros y con las familias. Y sobre todo, reaccionar ante lo que podría ocurrir y afortunadamente no ocurrió. -TVE ha recibido muchas críticas porque esa noche se hiciera el programa, con los collarines y las muletas. -Creo que lo importante era informar a la gente y que les vieran su familias. Pero por suerte o por desgracia Operación Triunfo siempre está en el ojo del huracán y si hubiéramos hecho lo contrario también nos hubieran criticado, quizá por no informar. -La primera edición de «Operación Triunfo» desbordó todo lo previsible. Esta vez las cosas discurren por otros cauces. -Lo del año pasado fue un fenómeno y éstos sólo ocurren una vez en la vida, o ninguna. -Se lo pregunto porque las galas tienen buenos niveles de audiencia, pero los resúmenes flojean. -No lo sé; no estoy muy pendiente de ese tema. -Pero si sabrá que los lunes les ha salido un duro competidor con los forenses de «CSI» en Telecinco. -Pues no. La verdad es que no tengo televisor desde hace dos años y medio y no veo la programación. -Existe la opinión generalizada de que los concursantes de esta edición poseen mejores voces. ¿Está de acuerdo? -Pienso que hay voces nuevas, muy distintas a las del año pasado. Las anteriores eran más clásicas, como la de Manu o la de Bustamante, que no por ello dejan de ser buenísimas, pero quizá más reconocibles. Por poner un ejemplo, Ainhoa tiene una voz muy diferente, que no se ha oído nunca hasta ahora en el mercado español.