La chica pidió en matrimonio a su novio en el programa de Antena 3 «Todo por amor», el chico dijo sí, un juez los casó en directo y al día siguiente se arrepintieron
25 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Blanca y radiante apareció Sonia en en el plató para pedir en matrimonio a Manuel, su novio de toda la vida. El chico había ido a la tele como público, engañado. Tenía cara de estar tan aburrido como un domingo por la tarde, pero en cuanto vio a su chica arrastrar la cola del vestido por el plató, a paso acompasado, en lugar de buscar el hueco en la tierra que había de tragarlo, buscó la sonrisa de su amada. No gastó el minuto que tenía para pensárselo. Dijo que sí, que vale, que adelante, que me caso aquí mismo. Hubiese sido mejor que contara hasta diez porque la pareja duró casada lo que un cigarro encendido. El matrimonio entre Sonia y Manuel no pasó de ver un telediario. La familia de él echó veneno en la relación porque son de la idea de que la gente se ha de casar frente a un altar y no ante Andoni Ferreño. El frente familiar acabó por afectar a la pareja, que decidió darse un tiempo. Desde entonces, en los ojos de Sonia las lágrimas hierven todo el día. «Reality show» Esta historia de amor fue aireada en el programa que Antena 3 comenzó a emitir el pasado miércoles. Todo por amor se llama el reality show, que consiste en llevar al plató a novias para pedir en matrimonio a sus respectivas parejas, ignorantes de lo que les va a ocurrir. Y cuando ocurre, si el afectado dice que sí, un juez de paz los casa allí mismo. Como regalo, un viaje. Pero han de cumplir una condición, y es que al día siguiente han de formalizar la unión en el registro civil. Sonia y Manuel se quedaron sin gozar del sol de Varadero porque nunca aparecieron por los juzgados. Ni ganas que tienen. Nada más levantarse de la noche de bodas, la relación tuvo una vía de agua que hizo naufragar el matrimonio. Al regresar a A Coruña, él se encontró con una familia con los pelos de punta. «Le pudo la situación», dice ella, comprensiva. «Han surgido diferencias», espeta él. Esas diferencias a las que se refiere Manuel nacen de la tozudez de Sonia en cumplir lo pactado ante las cámaras. «Si dijo que sí, tendría que seguir firme en su decisión y no cambiarla al día siguiente», declara Sonia. «Las cosas podrían ir mucho mejor si nos casáramos cuando a los dos nos fuese mejor económicamente, tal y como lo habíamos hablado antes de la sorpresa de la televisión», replica Manuel. Siguen adelante Entre la prisa de ella y la calma de él, la pareja sigue unida como hasta ahora. No rompió su compromiso de casarse algún día. Como Dios manda, con cura, cigalas y fotos en el jardín de San Carlos. Seguramente, esta historia de amor no tiene escrito más que el prólogo. Por como se miran, por las carantoñas y juegos de luces que se hacen con sus ojos, la novela promete ser larga y elegante como un guante de baile. Se casarán, claro que se casarán. Nadie lo pone en duda. Eso sí, sin focos ni cámaras. De momento, Sonia y Manuel sólo esperan que la gente que ahora les para por la calle se olvide de ellos, que bastantes excusas han dado ya. Día habrá que se divorcie la gente por la tele.