«La cartelera teatral es mediocre»

César Wonenburger A CORUÑA

TELEVISIÓN

CÉSAR QUIÁN

El director madrileño propone una visión desprovista de tópicos de «La vida breve» de Falla, con la que se inaugurará el Festival de Ópera de A Coruña.

12 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

José Carlos Plaza, ganador del Premio Nacional de Teatro en tres ocasiones, se forjó en la cantera de dos leyendas de la escena, William Layton y Lee Strasberg. Durante sus cinco años al frente del Centro Dramático Nacional, se ocupó de dirigir clásicos como Las comedias bárbaras de Valle-Inclán, en un aclamado montaje, que pudo verse en Galicia. Ahora ha regresado a A Coruña para ocuparse de otra de sus pasiones, la dirección de escena operística. Su propuesta de La vida breve de Falla inaugurará la semana próxima el Festival de Ópera coruñés. - En algunas ocasiones «La vida breve» se ha convertido en una simple exaltación de tópicos folclóricos, con alusiones al españolismo más rancio. ¿Cuál es su visión de esta obra? -Mi visión es muy distinta, está basada en dos cosas: el poder y la sexualidad. La vida breve es la historia de una mujer que intenta salir de su clase y de su raza y tiene relaciones con un hombre rico, de su dependencia sexual, de su enfermedad, porque aunque la protagonista se llame Salud, está enferma. A su vez, esta situación refleja el conflicto de un pueblo pobre que trabaja y es explotado. Todo el montaje se basa en una fragua y una cama. - ¿Por qué cree que la ópera española no ha gozado nunca de la popularidad de la italiana, por ejemplo? -Creo que es porque tenemos pocos títulos españoles, pero para mí La vida breve y Wozzeck , de Alban Berg, son las dos grandes ópera del siglo XX. Ahora hay desconocimiento, durante muchos años los españoles hemos estado acomplejados frente a Europa, lo mismo en música que en la ciencia o el cine, pero creo que dentro de un siglo La vida breve será considerada como Aida de Verdi. - ¿De dónde parte para hacer su trabajo, de la partitura o del texto? -Creo que la ópera es un hecho teatral, la música manda, pero como elemento dramático. La partitura es el punto de partida, pero siempre ligada al texto. Desde los años 80 hasta aquí, con la entrada del director de escena, la ópera se ha convertido en un espectáculo total. Ahora tenemos actores que cantan y no cantantes que hacen que actúan. En ese sentido, hay cantantes que son extraordinarios actores. A mí María Rodríguez, la protagonista de La vida breve , me recuerda a Anna Magnani. - Dice su colega Josep Maria Flotats que la cartelera teatral nunca había sido más aburrida que ahora, ¿qué le parece? -No creo que sea aburrida, es algo aún peor, mediocre. Aquí ha habido una actitud política muy clara, destinada a eliminar toda inquietud cultural. Fíjate en la televisión, no puede haber un sólo hombre de bien que no sienta vergüenza ante lo que se ve en este medio. Y así la gente sólo quiere oír chistes fáciles de cómicos baratos, escuchar música ramplona y ver a unas chicas estupendas, monísimas, pero sin cerebro. - Usted defiende el teatro, la cultura, como un servicio público... -La cultura no es algo con lo que se nazca, requiere una formación y hay que llevársela a la gente. Los políticos tiene ese deber moral. Un trabajador tiene el mismo derecho a la seguridad social que a la cultura. Tanto cura una depresión asistir a una buena ópera como tomarse tal o cual pastilla. Por eso hay que intentar hacer más representaciones a precios reducidos. -La semana próxima se cumplen 25 años de la muerte de uno de los grandes mitos del teatro lírico, María Callas. En su opinión, ¿qué fue lo que aportó como artista? -María Callas encontró a Luchino Visconti, un hombre del teatro que entendió que la ópera era eso mismo, teatro. A partir de ahí formaron un matrimonio artístico ideal. Callas era una Traviata que moría de verdad, una Tosca que mataba de verdad, todo en ella era creíble, apoyada en unos medios excepcionales.