ESTOPA NO PASA «DESTRANGIS»

La Voz

TELEVISIÓN

15 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Una niebla «tranquilizadora» puso ayer fondo a las nueve mil dos voces que gritaban en el Coliseo. Nueve mil brazos levantados, nueve mil brazos con el «síndrome Camacho», nueve mil brazos pidiendo más agua y más música, y dos gladiadores tras las vallas. Dos barbas de seis días curtidas en una fábrica de repuestos automovilísticos y convertidas en poetas del mundo obrero, del planeta porro y del buen rollo en general. Estopa, un grupo catalán -«¿seguro que no son extremeños?», preguntaba una voz desde las gradas- con acento a calle, talento y mucha garra, desbordó las gradas del Coliseo y consiguió que el marcador de desmayos alcanzase los dos dígitos con algunos temas de su nuevo disco, Destrangis . Cacho a cacho se disfrazó de discurso inaugural para comenzar una andadura que duraría cerca de dos horas. Ciento veinte minutos de notas que llegaron al éxtasis quinceañero con el primero de los bis que los hermanos Muñoz ofrecieron al público. Un regalo ganado a pulso por el auditorio, que hizo retumbar las gradas hasta poner nerviosos a los de Protección Civil. El regalo comenzó con Exiliado en el lavabo . Los baños del Coliseo, por cierto, a reventar de humo y adolescentes en trance. El marcador de desmayos parecía ya el de un partido Brasil-Islas Tuvalu. El primer bis se completó con la incursión en el escenario de unos bongos tocados con una energía que contagió la sangre de los presentes, y que hizo las veces de doping para seguir saltando hasta el final del concierto. La raja de la falda , de las muchas faldas que poblaban el auditorio, fue el preludio del segundo bis. Éste fue más corto que el primero y bastante menos intenso, aunque consiguió dejar un buen sabor de boca a los miles de seguidores de la cultura urbana del PBP (Porro and Botellón Power). Exhibición del batería El final estuvo marcado por la extraordinaria exhibición del batería (que fue lo más aplaudido de toda la noche junto a los bongos), por los agradecimientos, los vivas a la farra, y por la camisa de Camarón, que acabó como la pana. Partida por los hermanos Muñoz.