Ya lo dijo Pier Luigi Pizzi, su Italiana es una aproximación al cine que él amó: la comedia de los años 30, eso que los americanos llaman screwball , un tipo de películas que combinaban la comedia romántica con la más pura comicidad, y cuyo punto culminante se encuentra en La fiera de mi niña . El inteligente planteamiento de partida es de una coherencia admirable, ya que Rossini fue un precursor de la screwball: La italiana, su obra más puramente cómica, perseguía también una huida optimista de la prosaica realidad. El director encuentra en el humor físico, en los gags visuales la expresión de esa «locura organizada» que es la ópera rossiniana. Pizzi subraya admirablemente, además, otra de las características fundamentales de la screwball , que también se encuentra en esta obra: la representación de una mujer moderna (Isabella) independiente, fuerte, desinhibida, que sabe lo que quiere y cómo conseguirlo. El trabajo de Pizzi con los cantantes ¿incluido el coro¿, que están soberbios (el segundo acto tiene momentos dignos de los hermanos Marx), es el principal hallazgo de una producción de gran belleza plástica, cuidada con el esmero que el director suele poner en los detalles, desde el gesto más sutil hasta el vestuario o el decorado corpóreo. A la alegría que fluye por el escenario contribuye la lectura ágil, nerviosa, plena de energía y vitalidad de Alberto Zedda, al frente de una Sinfónica deslumbrante. Zedda exigió velocidades de vértigo, lo que en ocasiones puso en aprietos a los cantantes. Hubo algunos desajustes, pero en cualquier caso no empañaron una versión modélica. Poderosa, dominadora, ese cautivador torrente vocal llamado Ewa Podles; y exquisito un Rockwell Blake, que aunque ya no está en su mejor momento, aún es capaz de dejar un par de frases para el recuerdo, como hizo en su aria inicial. Imponente y divertidísimo el Mustafá de Abrazakov, lo mismo que el Taddeo de un Frontal llamado a dominar los grandes papeles de buffo. Segurísima Laura Giordano en el agudo y estupendo el coro. No se puede pedir más. Ha sido una noche de ópera a la altura de un gran teatro internacional. Palacio de la Opera. «La italiana en Argel» de Rossini. Sinfónica de Galicia. Coro de la Comunidad de Madrid. Alberto Zedda, director musical. Pier Luigi Pizzi, director de escena. 1.800 espectadores.