Emilio Aragón, compositor que dirigirá mañana a la Orquesta Sinfónica de Galicia Por sus series lo conocerán. O por sus programas televisivos. Los niños de treinta años aún le llaman Milikito. Él es Emilio Aragón, y usted no, como decía en aquel programa. Un hombre orquesta. Le pega a muchos palos. Mañana (20.30 horas) dirigirá en A Coruña a la Sinfónica de Galicia en un concierto especial para niños. Cuando estaba en la cumbre, triunfando con «Médico de familia», se aisló un año en Boston para estudiar composición y dirección de orquesta. Ahora empieza a recoger los frutos.
08 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Aragón es un encanto. Al teléfono, el periodista tiene la sensación de estar charlando con el bonachón doctor Nacho. -¿Cómo surgió su amistad con Víctor Pablo, el director de la Sinfónica de Galicia? -Contactó conmigo cuando volví de Boston. Sabía que había estado allí estudiando. Me ofreció hacer un cuento sinfónico para grabarlo con la Sinfónica de Tenerife, que también dirige. Fue como ponerle un caramelo a un niño. Es un honor para mí trabajar con este maestro y con la Sinfónica de Galicia, que es maravillosa. Ahora en Tenerife me han encargado otro cuento. Y estoy haciendo otro para la Sinfónica de Euskadi. -De sus muchas facetas, ¿es ésta la que más le llena? -Aunque soy conocido por la tele, ante todo, soy músico. Lo he sido desde niño, y nunca he dejado de estudiar. -El programa del concierto es para toda la familia, como todo lo que lleva su sello... -Me interesa acercar la música clásica a los niños. Hay mucha competencia. Están el cine, la tele y los videojuegos, pero creo que hay un hueco para la música clásica. Sólo hay que abrirlo. -El concierto coincide con el partido del Dépor. La batuta de Valerón contra la de Aragón. Vaya duelo, ¿no? -¿Con el Dépor-Madrid? No sabía nada. ¡Anda! Pues supongo que ganará Valerón. -Se calcula que irán 3.000 personas a verle. -Pues estupendo. Mucha gente para un concierto de clásica. -Vuelve al Coliseo, donde cantó «Me huelen los pies». ¿Eran otros tiempos? -Hace once años. Aquello era música y esto también. Hay que desalmidonar la música clásica. No puede ser elitista, tiene que ser popular. Hay que ir más a los conciertos, al cine, al teatro, a los museos... Lo fácil es sentarse delante de la tele, y esto lo está diciendo un hombre de la tele, pero hay que esforzarse más. -He leído que entre sus amistades figura Antonio Vega. ¿Es cierto? -Lo es. Desde el Paleolítico, desde que yo tenía 15 años, y ahora ando por los 43, así que calcula. Vivíamos en el mismo barrio, montábamos conciertos en los parques, nos íbamos juntos de excursión... Es el mejor compositor español de pop de los últimos 15 años. Ahora nos vemos menos de lo que desearía. -Usted, que es tan polifacético, ¿no ha pensado en dirigir series o películas? -Eso me infunde mucho respeto. Aunque no me importaría dirigir un musical. Ahora estoy centrado en Javier ya no vive solo . Empezamos en junio a grabar la segunda temporada, que se emitirá en septiembre. -¿Le duele que para insultar a alguien se emplee el término «payaso»? -No lo entiendo. Es la profesión más bonita del mundo. Y me da pena que se esté perdiendo. -Para acabar, una curiosidad. ¿A dónde llevaba la línea blanca infinita de «Ni en vivo ni en directo»? -Ja, ja. Siempre nos llevará a un lugar donde podamos seguir disfrutando y, a lo mejor, allí arriba, en el cielo, a entablar amistad con Prokofiev, Chaplin y Charlie Rivel. Ojalá nos lleve allí.