Más de 200 chicas de Galicia, León y Asturias se presentaron ayer en A Coruña al «casting» de «Popstars, todo por un sueño» La mañana anda manga por hombro. El reloj marca las nueve en el hotel Atlántico de A Coruña y afuera hace un frío que pela. Decenas de postulantes a «chenoas» (gallegas, leonesas y asturianas) reptan hasta un coqueto escenario. Cantan, bailan y falta que les hace; se juegan el estrellato. Les ponen un número en el pecho y tienen treinta segundos para cantar la canción que quieran. Se quejan de que es poco tiempo, de los nervios y de los zapatos de estreno. Si valen, pasan a la siguiente criba, que es hoy. Y si siguen valiendo, las citarán en Madrid. Esto es el «casting» de Popstars. No es «Operación triunfo», pero se crió en el mismo barrio.
04 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.No se juegan el andamio, como Bustamante. Aquí son todo chicas, dispuestas en una fila india, larga como una enredadera, que nace en los jardines y muere en un pequeño escenario de luces en la planta baja del Hotel Atlántico de A Coruña. Destaca como una bengala María García García (española al cuadrado). Es consciente de su belleza y de su planta como de encina. Tiene un cutis de agua y arañas alrededor de los ojos en un cuerpo de esplendor puro. Se mira en un espejo, se picotea la cara como si el carmín fuera un pollito y atiende al periodista. Le dice que es de Redondela y que no canta más que en la ducha, «pero como vino mi mejor amiga, yo también me animé. No pierdo nada». Su amiga, la que canta, se ha presentado al casting de Popstars vestida casi de faraona, con lunares verdes como abanderada de una romería. La chica de Redondela quiere nadar en el acuario de la celebridad, como todas, que son doscientas, y tiene preparada una canción de Rosario. A su lado está Eva. Lleva una botella de agua mineral en la mano como Ava Gardner en África. Aparece con su tatuaje de trébol en el hombro y dice que a lo que aspira es a conocer al presentador, que será Jesús Vázquez. A la media hora de espera, en la cola se forman grupos musicales. Sonríen, cantan y bailan al paso de las cámaras de televisión, que graban el momento. También hay padres. Sólo miran. Comienza el casting. Los organizadores, que son cincuenta, manejan a las chicas como una manicura a los dedos. Tienen treinta segundos para cantar lo que quieran. A capella. Y quieren más de la cuenta. Las interumpen y les dicen si pasan a la siguiente prueba o no. Las que pasan, deberán sentarse ante una cámara y explicar cómo se sintieron en el escenario. Luego les dan las letras de diez canciones para que elijan una, que deberán interpretar hoy. De las doscientas que se presentaron ayer, la mitad quedó fuera. Hoy se producirá la criba definitiva. Serán las que pasen a la última fase.