Alfonso Rojo, corresponsal de guerra y autor de la novela «Matar para vivir» A Alfonso Rojo se le detectan pronto las manías. Entre otras: leer, contar historias, emplear citas o hablar, como no, de la guerra. El reportero estuvo en Ourense para participar en el ciclo de periodismo organizado por Caixanova. Precisamente en una librería de la ciudad compró su último libro: «Matar para vivir».
22 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Recién llegado de Oriente Próximo, Alfonso Rojo trae las historias frescas en su memoria. Unas historias que narra con las cualidades de un buen cuentacuentos, con grandes dosis de escepticismo. ¿Casi treinta años como reportero de guerra. ¿Cómo valora la información que ofrecen los medios de comunicación sobre Oriente Próximo? ¿La cobertura informativa del conflicto israelí no está siendo imparcial. Los periodistas que van a cubrirlo difícilmente pueden ser objetivos. Es una historia de buenos y malos y existe una toma de partido previa. ¿¿Por qué razones se produce esa parcialidad? ¿Primero, por el antisemitismo latente de Europa. También por el antiamericanismo de los periodistas. Y, evidentemente, porque el ejército israelí está ocupando un territorio que los palestinos reclaman de forma legítima. Es mucho más complicado de lo que parece. ¿¿Cuál sería, entonces, la forma más adecuada? ¿Es necesario dotar de contexto a la información. Por ejemplo, respecto a los atentados suicidas. Es humillante que un soldado israelí registre a una mujer embarazada. Pero existe una pequeña posibilidad de que esa mujer no esté embarazada y lleve una bomba. Y esa bomba puede estallar en una fiesta donde hay niñas de quince años. Es algo que no hay que olvidar. ¿Alfonso Rojo publica nuevo libro, «Matar para vivir», una historia del terrorismo y el contraterrorismo. Periodista. Escritor. ¿Cómo se come eso? ¿Periodismo y literatura son tangenciales. Pero la obsesión por el libro es algo común en todos los periodistas porque nuestro trabajo diario es fugaz. El libro tiene un valor permanente que no nos da el periódico. Todos estamos obsesionados con escribir. Y lo hacemos bastante mal, con contadas excepciones. Esa es la verdad.