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MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / THE MAJESTIC

14 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

A comienzos de los cincuenta, colisionaron dos ideas de América, la esperanzada y optimista del new deal, todavía dominada por el dolor de la Segunda Guerra Mundial, y la turbia y paranoica preconizada por McCarthy con su nefasta Caza de brujas. En ese marco, Frank Darabont y el guionista Michael Sloane, proponen un bonito cuento, The Majestic. El propio Darabont no dudó en calificarla como «una carta de amor a Frank Capra», una película al mejor estilo Hollywood (su producción está muy cuidada), que sin embargo para un espectador foráneo, contiene más enjundia que la pretendida. Por la trama fluyen dos variables, una sobre la reapertura del viejo cine de pueblo con todo lo que eso tiene de mágico, y otra en torno a su discurso político en un momento en que el fascismo amenazaba al país que se tenía por paladín de la democracia. En la primera podría afirmarse que Darabont propone su personal Cinema Paradiso. En la segunda, el guión juega con la interferencia que suponen las obsesiones de McCarthy ante una sociedad representada en ese simpático pueblo costero, en el que todos se conocen y que realmente practican una especie de comunismo cotidiano en cuanto a su idea de la solidaridad, de la política y de apertura al exterior. Todo con una sonrisa, que la sombra de Capra es alargada, y el filme pretende dejarnos a todos un sabor de boca que implica apartarse de los prejuicios para acercarse a un tipo de cine, clásico en sus mimbres y muy al margen de coyunturas. Es de esas que te dejan bien el cuerpo y que valen la pena. El cine también es encanto.