Espartaco en Cecebre

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EDUARDO

RUBÉN VENTUREIRA EN DIRECTO

07 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue una ceremonia cantada la de los primeros premios Chano Piñeiro. Cantaron los actores en los números musicales y cantada estaba la gran triunfadora. El bosque animado cerró su círculo triunfal: éxito en taquilla, dos premios Goya, triunfal paso por VHS y DVD y, ahora, el reconocimiento de la industria galega (habela, haina, qué carallo). Fue la gran noche de Manolo Gómez, que hizo un porcentaje a lo Gasol (8 nominaciones, 7 premios) con su peli animada. El director de Dygra, la empresa que animó el bosque de Cecebre, recibió además el premio Fernando Rey en reconocimiento a su carrera. Todos en pie El bosque animado es el proyecto de un visionario, de un tipo perseverante que sufrió durante cuatro años (los que tardó en hacerla) para estar ahí arriba. Un tipo, además, agradecido. En esta ocasión, los árboles dejaron ver el bosque. Gómez es el roble en torno al que floreció El bosque animado, pero no el único habitante de la fraga. Por que lo sabe, cuando recibió el premio al mejor largo pidió a todos los trabajadores de Dygra que había en el auditorio que se levantasen. Fue el momento cumbre de la gala, un momento que recordó a aquel de Espartaco en la que los miembros del ejército rebelde se ponen en pie para respaldar a su jefe. Se levantaron, el público los ovacionó y las luces enfocaron, entre otros/as, a Lucía, directora de programación de software de Dygra, que estaba en las últimas filas, en la sombra. De ahí salieron, de las sombras de la platea, los muchos creadores del bosque. Justo homenaje para ellos. Turno para Ángel de la Cruz, un talento que fuma en pipa formado en la Escola de Imaxe e Son (EIS) coruñesa. Se lo guisó y se lo comió: el guionista de la gala (de nivel Goya) lo es también de El bosque animado. Salió de las bambalinas para recoger dos premios (dirección y guión) y dejó caer la mejor frase de la noche: «Escribir guións é un acto onanista: o fai un, pero pensando en moita xente». De la Cruz lió a los actores para que cantasen en gallego (enorme Manquiña como Gene Kelly) e ideó una divertida ceremonia con números musicales y humorísticos ambientados en NY. Los otros Triunfaron a lo grande, pero menos, Rías Baixas, que se llevó tres premios. Dos recibió también Os difuntos falaban castelao, de los animadores en plastilina Virginia Curiá y Tomás Conde, formados también en la EIS coruñesa. Por el escenario desfilaron la mayoría de los distinguidos (que tomen nota los teatreiros, que hicieron el vacío a los María Casares), y la mayoría le dieron las gracias a su mami (¿por qué tan pocos premiados se acuerdan de su papi?). De entre los muertos llegaron Chano Piñeiro (se recordaron sus películas), Amando de Ossorio (fue premiado el documental de Xosé Zapata sobre la vida de este peculiar director coruñés) y Ramón Sampedro (dos galardones recibió la historia de su vida, Condenado a vivir). Nada más. Hasta el año que viene, o sea, hasta O lapis do carpinteiro.