ESQUIZOFRENIA EN ALMÍBAR

La Voz

TELEVISIÓN

MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE / UNA MENTE MARAVILLOSA

05 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Un par de melocotones están cojonudos, pero con un par de botes pillas un empacho. Si Una mente maravillosa fuera un mediometraje, tendría un notable, pero como va a dos horas y pico, es un aprobado. Ron Howard nunca fue director inteligente, lo suyo es el ilustrador correcto que pone la cámara en su sitio pero es incapaz de emocionar (otra cosa es el moqueo, que al final lo da y con eficacia, sobre todo entre el público femenino). Las biografías para la pantalla, los biopic, suelen caer en la hagiografía si el guión no asume que la santidad privilegia a unos pocos. Sabemos que John Nash es un prodigio de la naturaleza y que su peripecia es apasionante, pero sabemos también que en su vida hay perfiles de trazo grueso, sobre todo en el pantanoso terreno de las perversiones sexuales. Su esquizofrenia le llevó también a comportamientos nada ejemplarizantes. Y aunque el premio Nobel en 1993 fue una justa recompensa a sus méritos, no era coartada para mostrarlo con un estilo vaticanista que nos aproxima a una especie de obra y milagros de San John Nash. Incluso los parabienes a Russell Crowe por su recreación, aún siendo merecidos, se ajustan a lo esperado de un número uno de la escena como es el actor australiano, protagonista de El dilema y Gladiator. Extraño sería que la pifiara. Anotado lo precedente, el filme deriva en un correcto made in Hollywood apto para la familia y rematado con la tópica secuencia sobre eso de que el éxito es para quien se lo curra (Cela dixit: «El que resiste, gana»...), y la vida acaba poniendo las cosas en su sitio. Acierta Howard en todo lo relativo a los fantasmas que atormentan a Nash. El toque del artesano cinematográfico negado para el arte cinematográfico.