Las colas a la entrada del Centro Galego de Arte e Imaxe daban una idea del interés levantado por la proyección de la película. Llama la atención que no se hubiera pasado antes en A Coruña y que las proyecciones hayan sido escasas en Galicia. El director explica: «Pasa con cualquier tipo de película ajena a los cánones habituales. Tener más salas no garantiza más pluralidad, sólo que puedes ver las tres o cuatro mismas películas en muchas salas distintas». El cine de autor tiene que pasar por momentos difíciles, aunque, tras el éxito de En construcción, a Guerín le han llovido ofertas: «Es porque saben que ahora soy susceptible de ser subvencionado». Y es que el catalán no es muy amigo de los productores. El que se encargó de su película «quería que la terminara en dos meses». Al final, el director se salió con la suya, las subvenciones le dieron la razón y «al productor no le quedó más remedio que aguantarse». El trabajo que ganó los Goya esconde una gran reivindicación. A Guerín le parece triste el modo en que se llevan a cabo las reformas urbanísticas, la «reurbanización para higienizar» y se siente próximo «a lo que el lenguaje institucional llama suciedad». Por eso no fue a recoger el Goya y un obrero marroquí ocupó su lugar: «hay que dejar que oigan la voz de los necesitados».