LA MADUREZ DE ATLÁNTICA

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XURXO LOBATO

MERCEDES ROZAS

02 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Afortunadamente, todavía quedan artistas veteranos con una trayectoria que mantienen su proyecto plástico con la permanencia de un estilo propio. A Goyanes y Lamazares les puede su fidelidad a la pintura, una constancia que, con los tiempos de automatismo mediático, puede resultar para muchos extemporánea; otros la admiramos y celebramos. Independientemente de este tipo de consideraciones subjetivas, la vinculación, que de estos dos artistas puede hacerse, se inicia en el marco de los proyectos neo-expresionistas de los años ochenta, cuando en Galicia, y más concretamente en Bayona, se constituye el movimiento Atlántica. Nace como un grupo que se impulsa desde la fisura con respecto a lo inmediatamente anterior, que reivindica con una simbología inconfundible la afirmación pictórica frente a otros medios. Son creadores que vuelven la mirada al arte de preguerra, apreciando en los Renovadores de los años treinta expresiones que recalcan aspectos de una identidad nacional. Los que forman parte de esta movida artística apuestan por un mensaje de integración en fórmulas expresionistas. Es indudable, que las propuestas de Atlántica reaniman, entonces, la realidad artística de una etapa de transición en la que será fundamental el papel protector jugado por las instituciones. La reflexión estética y conceptual de esta generación germina en un «cierto salvajismo», según palabras de Juan Manuel Bonet, que, después de veinte años, es ya historia. Algunos de los que participaron en aquella iniciativa, como Antón Lamazares y Antón Goyanes, han continuado por caminos individuales forjando su propio mundo, al margen de aquella aventura. Lamazares ofrece en A Coruña una retrospectiva con más de cincuenta obras. El autor, que en estos últimos años parece necesitar formatos más grandes, vuelve en cada nueva pieza a encontrarse con los verdes de la naturaleza y la venerada y buscada pobreza de los materiales. El gesto aguanta todavía fresco en estos cuadros matéricos visionarios, imaginados a través del cartón y el pincel. Pigmento sobre pigmento son evocados fragmentos de una memoria en la que están presentes en Galicia. La exposición de Goyanes, patrocinada por Caixanova, viene definida en todas sus creaciones por una intimidad apuntada por un romántico impulso del color. Estos paisajes se configuran en espacios atravesados por perfiles figurativos. Con esta retrospectiva, persevera, como algunos compañeros de quinta, en la vigencia expresiva de la pintura. Seguramente, de Atlántica en las creaciones de estos dos artistas no subsista nada más que el espíritu de provocación y la reafirmación del protagonismo del procedimiento pictórico. En la madurez de sus trayectorias se mantiene vigente la independencia de creación y la estima indiscutible del reconocimiento hacia su obra.