MERCEDES ROZAS
17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.on un simple lápiz, los artistas han ayudado a crear mundos secretos; apuntar las formas más sencillas y, por qué no, las más definidas y detalladas; modelar las sombras, descubrir las transparencias e, incluso, infundir vida con la utilización del color. Algunos consideran al dibujo una parte imprescindible para su creación, pero limitada a un mundo propio e intransferible. Recuerdan al anciano Frenhofer, aquel personaje de Balzac que resguardaba su gran pintura, nunca acabada, como una reliquia que nadie debía de profanar, ni siquiera con la mirada. La mayoría de los creadores, sin embargo, y por fortuna, han dejado que nos acerquemos a esos instantes espontáneos de creatividad que no precisan la templanza del taller ni la paciencia y detenimiento de otras técnicas. No siempre bien considerado, el dibujo fue evolucionando desde el Renacimiento hasta el siglo XX, sin dejar de encarar cada época, adaptándose al estilo y a la personalidad de los artistas. Ha servido, de igual manera, a los que se han recreado con la definición absoluta, convirtiendo su trabajo en un fin en sí mismo, como a los que con pequeños trazos bosquejan un adelanto de lo que más tarde se convertirá sobre el lienzo, la madera o el hierro en la obra definitiva. En general, para los pintores es una práctica habitual y necesaria que proporciona el placer de lo inmediato. «Después de mucho experimento -comentaba Matisse- he llegado a una forma de dibujar que tiene la espontaneidad que permite dar rienda suelta a lo que siento». También los escultores han aprovechado las ventajas del boceto, bien como base de su obra escultórica, bien como simple ejercicio de complacencia. La selección de esta muestra en Pontevedra se inicia en los años veinte con Victorio Macho, Pablo Gargallo, Julio González y el gallego Cristino Mallo; sus estudios están perfilados con la libertad del gesto que conecta la modernidad con el clasicismo. A continuación, la muestra se abre a la llegada de tendencias figurativas y abstractas de mediados del siglo pasado y finaliza con creaciones del arte más reciente. Por haber sido realizados por Picasso en los años sesenta, parece necesario hacer mención a dos pequeños dibujos de composición minimalista. Estas obras del maestro contemporáneo confirman la desmitificación que, a veces, es obligado hacer de los grandes mitos del arte. En un estudio sobre el tema, John Berger determina algunas creaciones del Picasso posterior a los años cuarenta como «ejercicios pictóricos, como los que cabría que llevase a cabo algún joven que promete». Indudablemente, en estas formas dibujadas se resumen muchos momentos de intimidad; momentos como los que nos dejó en literatura el pintor creado por Manuel Rivas que, también, con un humilde lápiz, esta vez de carpintero, lograba «pintar las ideas».