ALBERTO CASAL
29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Lleva sólo cuarenta de sus cuarenta y cuatro años en el star business. Debutó haciéndole sombras soul al espejo empañado de James Brown. En el 68, nació en la Tamla Motown como precoz neosex machine, aún ni adolescente. Pero cuando abrió el grifo de su talento en solitario, y los cinco Jackson dieron en uno, Michael inauguró su imparable fiesta privada. Perpetuum mobile de videoclips impecables. Con el productor Quincy Jones la divina y paranoica fierita se reinventó, rompió el molde y... las listas de ventas. Incluso a sus detractores les silba en el inconsciente sus grititos en Thriller, Billy Jean o Bad... O aquel dueto con McCartney para ver de quién era la chica. Pues tal cual, invencible, regresó ayer. Seis años después de haberse dejado la Sangre en la pista de baile (remezclas del 97) y tras la primera entrega de HIStory, su obras completas, revive en su odisea 2001. Se cansó de comprobar el Jefe de Pista Jackson -desde su aséptica burbuja- cómo le crecían en competencia de éxito los enanos. Y ha resucitado a Jacko, rey del dancing y las baladas nacaradas, para echarse otro pulso a sí mismo en el Circomegaguay del pop millonario. Y como no tiene problema de tiempo ni dinero, esta Invincible horita y algo le ha salido por 5.000 millones de pesetas (30.000 millones de euros). Dieciséis canciones nuevas y vocación de autorécord. Jackson firmó en el 82 el disco más vendido de la historia, Thriller. Ahora, factura el más caro. El tiempo y sus fans dirán si el más vendido. Hay morbo de taquilla. Y el de salir a la luz entre las sombras del anthrax. Más difícil todavía: El cantante enmascarado desde el país de Nunca Jamás. Jacko contra Jacko. Da igual quién gane. Liftings aparte, Jackson se ha estirado en la nómina de sus cirujanos de producción con un sonido a la altura de los tiempos que relanza su carrera a la estratosfera, para bailar con ET, vaya. Jacko es el envase más retornable del pop. Este otoño aterriza su eterna primavera en edición incorregible y aumentada. Su disco más blanco y más negro. Retratado en su interior de peterpanesca Dama de Shangai del siglo XXI, en mirada imposible de Welles para la MTV: SuperJacko entre espejos rotos del gimnasio de Fame. Si no existiera habría que inventarle. Para dar lecciones en Operación Triunfo. Hacerle compañía a Lyz Taylor. O salir hecho un cartoon en cameo para los Simpson. Lo dicho. Invencible, un lujo que si compras ahora, te saldrá algo más barato que a él. ¡Ah, te regalan un llavero!