MERCEDES ROZAS
27 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La historia del arte contemporáneo se ha empezado a escribir en las últimas Bienales internacionales. Atrás han quedado aquellos tiempos en que los artistas eran los protagonistas absolutos de los eventos. Hoy, en estos espectáculos, el discurso se plantea desde, por y para los nuevos comisarios. Ellos son los que se multiplican en los medios de comunicación, imponen el catecismo estético en la ley de la oferta y la demanda, influyen en políticos y empresarios y, los que, a la postre, dejan su huella en la baldosa de las estrellas. En los recientes encuentros de Venecia y Valencia tenemos ejemplos a la carta: Harald Szeeman y Achille Bonito Oliva. Durante unos años el arte tendrá una secuencia estampada con la voluntad artística de estos popes contemporáneos. Hasta las próximas bienales hablaremos, pues, en clave de vídeo e instalaciones. Precisamente del acontecimiento italiano, que cierra sus puertas a principios de este mes de noviembre, el CGAC ha rescatado una de las instalaciones que de manera especial ha sido motivo de atención en la prensa. Bicho, una intervención del brasileño Ernesto Neto, montada en El Arsenale de Venecia, llega a Compostela con un reciclaje de título y la adaptación al espacio de Siza. Es una gran malla, colgada del techo y las paredes, con brazos traslúcidos que dejan entrever en su interior un mundo de colores y olores. El espacio se pliega ante las esculturas blandas que lo envuelven todo rompiendo las tradicionales implicaciones del lenguaje y la función del arte. El montaje, invadiendo varios espacios del CGAC, funciona. En esta experiencia espacial se humaniza, en cierta medida, el objeto, desapareciendo las barreras de separación con el espectador al poder penetrar en los agujeros de este cuerpo flexible y transitar entre sus columnas de tela. La idea participativa va más allá cuando se nos invita a poner en marcha nuestros sentidos olfativos y visuales, incitados por especias de distintas tonalidades. El conjunto de sensaciones originado forma parte de un mecanismo de ambiente que el artista prepara para crear «situaciones para ser vividas». La relación lúdica que Ernesto Neto integra en su obra tiene su base en el movimiento del Neoconcretismo brasileño de los años 60 y 70 con las actuaciones de Hélio Oiticica, Lygia Clark, Lygia Pape y Sergio Camargo. La crítica al soporte tradicional les llevó a crear espacios virtuales en los que los materiales alcanzan una gran expresividad cuando el artista deja que sus piezas puedan disfrutarse. En estos paisajes vivientes es necesaria, más que nunca, la presencia del espectador para tocar, oler y reparar en la visualidad y matices de los colores.