JESÚS VARELA ZAPATA
11 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Aunque algunas agencias de prensa nos hablan de la concesión del Nobel a un autor británico, lo cierto es que, una vez más, el galardón ha sido otorgado a un escritor de las antiguas colonias. Naipaul se une, en este sentido, a la nómina integrada por el australiano Patrick White, el nigeriano Soyinka, la sudafricana Gordimer o el caribeño Derek Walcott, que han acaparado la mayoría de galardones en lengua inglesa en las tres últimas décadas. Este hecho es un indicador más de las transformaciones que ha sufrido el mundo desde la II Guerra Mundial, cuando el mapa contaba con apenas cincuenta Estados soberanos, hasta alcanzar la actualidad los casi dos centenares de países. También el panorama literario se ha enriquecido con las voces de los antiguos colonizados, que aportan su particular visión del mundo. Naipaul usa una prosa depurada, aunque rica en matices, para presentarnos las circunstancias del sujeto post-colonial, que busca su identidad en un contexto político inestable. Precisamente algunas de sus opiniones le han granjeado profundas enemistades, siendo acusado de imperialista, reaccionario o racista. Lo cierto es que hace un análisis del Tercer Mundo que evita atribuir en exclusiva a Occidente los desastres que azotan a los países recientemente descolonizados y apunta que ha llegado el momento de exigir responsabilidades a las propias sociedades caribeñas, asiáticas o africanas, por la catastrófica gestión económica que realizan, el desprecio de los más elementales valores democráticos o el fundamentalismo religioso. A punto de cumplir setenta años, Naipaul publicaba el mes pasado su última obra, una novela en la que, como es habitual, refleja la complejidad de un mundo multicultural.