MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ
21 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hombre, La gran mentira del corazón fue un estupendo reportaje, paradójicamente emitido por una cadena que, como todas las televisiones, picotea en los mismos engendros, auténticos freaks, cuyo patético montaje desmontaba sin concesiones el jueves, en prime time. Si a eso sumamos que desde el lunes, la gente de Sardá nos llevan dando la vara con el supuesto idilio de Paulina Rubio y el jefe, acabamos descubriendo que todo era una maniobra orquestada para pulverizar el share de esa noche. Un asco. Para colmo el «intelectual» Lequio abrió en Crónicas marcianas para sentar cátedra con su extenso saber, que hasta ahora suponíamos anidado en su entrepierna... En fin. Glorioso. Hizo mal el productor Melchor Miralles intentando justificarse ante Lequio o apuntillando que en el «circuito» del corazón hay trigo limpio. Venga, ya. Sobra cizaña. El trabajo de cuatro meses valió la pena porque abundó en lo que todo el mundo sabe y pocos se atrevían a contar. Bah, un circo. Telecinco se apuntó a una movida rechazada por Antena 3 y le salió redonda. Punto. La peripecia del tal César Sicre fue un contundente timo que dejó con el culo al fresco a más de un talibán rosa. Para colmo los tertulianos de Sardá gritan como posesos. Visto lo visto, pensé en los muchos libros estupendos que aguardan a una lectura y en lo desiertas que están las bibliotecas y las librerías. Urge una yihad cultural.