Amenábar presenta «Los otros» en Nueva York junto a Nicole Kidman

MERCEDES GALLEGOS NUEVA YORK

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TINA FINEBERG

«No hemos pretendido entrar en Hollywood, sino tener la mejor película posible», afirma el cineasta español Junto al selecto Hotel Plaza, el otrora estudiante rebelde de la Facultad de Periodismo descendió de una limusina para pasearse del brazo de una actriz de porcelana a la que aclamaba la multitud, Nicole Kidman. El estreno mundial de «Los otros», tercer filme de Alejandro Amenábar, precedió a su desembarco en los cines de EE UU la semana que viene y a su llegada a España el 7 de septiembre.

03 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El glamour lo traía puesto Nicole Kidman, trasluciendo sus pechos blanquecinos a través de un vestido negro de tul y chiffon de Chanel. Debajo de la sonrisa de estrella, un enorme broche de diamantes que brillaba tanto como los ojos que deslumbraron a Amenábar. «Eso fue antes de conocerla -reconoció-. Luego lo que más me ha impresionado de ella es lo duro que trabaja», explicó el director español, nacido en Chile hace 29 años. «Bueno -bromeó Kidman-, puedes decirles la verdad». Mientras la extraña pareja (ella una cabeza más alta que él) paseaba por la ausente alfombra roja de la Quinta Avenida, los capos de Miramax Film, la distribuidora, se escabullían de la prensa por una discreta puerta trasera. «¡Cada vez que la veo me muero de miedo!», confesó su co-presidente, Harvey Weinstein. La película de suspense, que produce Tom Cruise, es la cinta más cara del cine español, con un presupuesto de 3.500 millones de pesetas. El director aseguró que no han «pretendido entrar en Hollywood por la puerta grande, sino tener la mejor película posible». Algunas críticas publicadas ayer en la prensa aseguraban que el guión de Los otros «fue obviamente escrito durante la resaca del enorme éxito que tuvo El sexto sentido en 1999». Pero nada más incierto. El guión estaba hecho y vendido para cuando Amenábar vio la película y siguió con ella fiel a sus principios: nada de efectos especiales «ni de enseñar al monstruo», dijo a este periódico. El terror psicológico y el suspense a lo Alfred Hitchcock, la única influencia que ha reconocido, ha resultado contra toda sospecha «refrescante» para los pocos críticos estadounidenses que ya han emitido juicio.