El dios del blues murió mientras dormía

ROCÍO AYUSO LOS ÁNGELES

TELEVISIÓN

VICTORIA SHERIDAN

EL BLUES LLORA A SU REY John Lee Hooker, que falleció en su casa de Los Ángeles a los 83 años, ofreció su último concierto el pasado fin de semana John Lee Hooker siempre dijo que nunca podría dejar el blues con vida y lo ha cumplido. Esta leyenda musical de 83 años falleció el jueves en su casa de San Francisco mientras dormía. El óbito ha causado sorpresa y consternación ya que el pasado fin de semana había estado interpretando el que ahora será su último concierto, sonriente y aferrado a una guitarra a la que siempre fue capaz de arrancar ritmos únicos que le convirtieron en el «dios del blues». «Muchos creen que van a ver al dios pero no me gusta que me digan eso porque sólo quiero ser yo mismo, John Lee Hooker», comentó el músico en una de sus últimas entrevistas.

22 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«Esto ha sido totalmente inesperado», aseguraba su agente Rick Bates al confirmar el fallecimiento por causas naturales, del legendario compositor. «Disfrutó la música y encontró la alegría en compartirla con la gente», aseguró Bates de alguien que siempre buscaba alguna excusa para seguir interpretando su música, en ocasiones apareciendo de improviso por los clubes de la zona de San Francisco para tocar en directo. «No es cuestión de dinero. Nunca tendría que tocar si no quisiera», había manifestado Hooker, conocido por su generosidad a la hora de compartir sus bienes con las obras de caridad locales. «Lo del blues lo hago porque me gusta», confirmaba siempre que se sacaba el tema a colación. Nacido en Misisipi, Hooker aprendió a tocar la guitarra gracias a su padrastro, pero pronto abandonó su hogar para mudarse al bullicio de Detroit donde fue descubierto. Conocido como The Hook o The Boogie Man, Hooker se había convertido en la última leyenda viva de los grandes del blues. Como todos ellos, Hooker también se vio engañado en repetidas ocasiones por los diferentes sellos discográficos con los que trabajó, aunque la astucia y el amor al blues le mantuvo en los escenarios, en muchas ocasiones bajo nombres falsos como John Lee Booker, Delta John o John Lee Cooker, para poder cobrar. «Muchas veces nos reunimos Carlos (Santana), Van (Morrison) y yo por el mero hecho de tocar juntos. Una buena botella de vino tinto y hablamos o tocamos», recordaba Hooker. En el terreno amoroso, su vida fue algo más solitaria, no por falta de mujeres, a las que reconoció siempre su devoción, sino por diferencia de opiniones. «He estado casado tres veces pero no funcionó. Las tres quisieron que dejara la música y yo las dejé a ellas», dijo el cantante que Bonnie Raitt describió como la persona «capaz de arrancar las notas más eróticas a una guitarra». Hooker siempre lamentó que nadie de su familia hubiera seguido sus pasos en el mundo de la música, aunque era un hecho que aceptaba con la misma naturalidad que le llegó la muerte: «Nadie podrá ocupar mi lugar; mi legado quedará en los discos», afirmó. Raitt, Morrison, Santana o los Rolling Stones han sido algunos de los que han aceptado la influencia de Hooker. De los más de cien álbumes publicados en siete décadas, algunos de los más populares son Boogie Chillen, su primer éxito, o The Healer, que le devolvió a la vida en 1990. Hooker dejó su huella en el cine, con un papel como músico callejero en el clásico The Blues Brothers, además de poner música a la película de Spielberg El color púrpura.