«La arquitectura depende mucho del dinero»

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-¿Cómo puede controlar un estudio como el suyo, con un centenar de personas trabajando y obras diseminadas por todo el mundo? -El límite está en mi cabeza. Pueden pasar entre siete y diez años entre el principio y el final de algunos proyectos. Yo concibo todos a nivel global, y después un equipo, con un jefe de proyecto, va a trabajar durante muchos años en cada uno de forma permanente. Un arquitecto con un solo proyecto o con dos es una leyenda. Para poder hacer cosas hay que conocer mundo, hacer muchos edificios y trabajar en muchos lugares. Es como si te pones enfermo y te tienen que operar: nadie quiere que le opere un cirujano que sólo hace dos operaciones por mes. -¿Cómo se enfrenta a un proyecto nuevo? -Para que un proyecto sea bueno, aparte de un análisis previo, tienes que tener la corazonada de que va a salir bien. Nosotros cuando iniciamos un proyecto hacemos dos columnas, en una ponemos todo lo que debemos hacer, lo que nos parece importante, y en la otra lo que no, y después intentamos hacer un balance de todo. Ahora la arquitectura depende mucho del dinero, espero que eso cambie en unos años. -¿Se reconoce dentro de la corriente del «high-tech»? -Para nada, nunca estuve en ella. -¿Con qué arquitectos se identifica? -Con arquitectos que trabajen con los materiales, con las luces... Me gustan Toyo Ito, Gehry. Soy un arquitecto que trabajo de forma singular sobre cada situación, hago un edificio distinto y único para cada caso en concreto, es decir, trato de reinventarme en cada proyecto. -¿Qué le parece la Domus de Isozaki? -Es un edificio bonito, me gustó mucho la base pétrea y ese efecto de vela, pero yo lo hubiera hecho más claro, en blanco.