El canario de 104 años que inspiró «El viejo y el mar» recuerda sus aventuras con el premio Nobel Gregorio Fuentes es un canario de 104 años que vive desde hace décadas en el pueblo marinero de Cojímar, junto a La Habana. Allí recibe a muchos cubanos y extranjeros deseosos de conocer a una leyenda viva. Es el hombre que acompañó a Ernest Hemingway en sus aventuras por el Caribe e inspiró algunos relatos del Nobel de Literatura. Juntos pescaron más increíbles ejemplares, vivieron noches de «Fiesta» e incluso persiguieron submarinos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
05 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La leyenda del hombre que inspiró a Hemingway para el relato El viejo y el mar comenzó a forjarse mucho antes de que conociera al insigne escritor. Todo comenzó a finales del siglo XIX en la isla de Lanzarote. En un humilde hogar marinero nace el pequeño Gregorio . «Mi padre navegaba en un barco de Gran Canaria. Entraba al puerto cada uno o dos meses y el resto del tiempo estaba en alta mar. Yo era muy pequeño, pero me empeñé en que eso era lo que quería, hasta que un día lo convencí y embarcamos juntos rumbo a Cuba», rememora un siglo después, con la mente todavía lúcida. No podía imaginar entonces la tragedia que acechaba en el camino y lo convertiría para siempre en un emigrante. A pocos días de iniciado el viaje muere el padre, por lo que al puerto de La Habana, llega un niño solo de apenas seis años. «Pensaron en enviarme de vuelta, pero yo quise quedarme aquí -recuerda Gregorio-. Los primeros tiempos fueron muy duros y sobreviví gracias a familiares y paisanos, pero no podía ser una carga para nadie. Yo no aprendí más que a trabajar». Pasaron los años y el niño que comenzó como aprendiz en los varaderos de Cojímar se convirtió en experimentado pescador y capitán de barco. En 1928, un encuentro en Dry Tortugas cambiaría para siempre su vida. Allí estaba Gregorio con su velero aguardando el fin de una de tormenta tropical, cuando atracó otro barco donde viajaba un americano robusto y sonriente que, según supo después, era un escritor famoso. A Hemingway le sorprendió la limpieza de su barco y su habilidad para manejarlo. Años más tarde, el canario se convertiría en la mano derecha del escritor en el mar, en su velero Pilar. Según cuenta Hemingway en El Gran Río Azul, los conocimientos náuticos de su patrón «salvaron el Pilar en el transcurso de tres huracanes. Gregorio fue el único que, en una embarcación chica, luchó felizmente al ancla contra el huracán en octubre de 1944». Asesor etílico Compañeros de juergas nocturnas, Papa Hemingway cedía también el timón a Gregorio en asuntos de comidas y bebidas. Al pasar frente al Morro de La Habana, decía invariablemente: «Capitán Grigorine, hágase cargo del departamento etílico». Durante la Segunda Guerra Mundial, el Pilar cambia los avíos de pesca por radares para localizar submarinos alemanes en el Caribe. En esa peligrosa aventura, Hemingway intenta no involucrar al marino. Sin resultado. Más de medio siglo después, Gregorio lo recuerda: «Yo le dije que si él iba a la guerra, también iba yo, que si él moría, moría yo. Los amigos son para los buenos y malos momentos. Entonces él comprendió».