Víctor Omgbá empezó a escribir porque «quería contar lo que observaba, lo que sucedía, las dificultades que tenían y tienen los emigrantes». El manuscrito de su novela nació entre las líneas del diario ABC, donde escribía «con un bolígrafo rojo». No conserva aquél texto porque alguien se lo quedó o lo tiró. Calella sen saída es casi autobiográfica. Por ella se mueven personajes vinculados a los inmigrantes, nombres ficticios que esconden seres reales. El empresario Pérez. «Representa a esos empresarios que explotan a los inmigrantes; me pagaba 60.000 pesetas al mes y a mi me pareció mucho dinero, porque contaba en francos de Camerún que son cuatro veces más», dice Víctor. El tramposo Gabriel. «Es muy tramposo y cambia de chaqueta siempre que las cosas no se ajustan a sus intereses», explica el autor. Guillermo, la fuerza negativa de África. «Va poniendo obstáculos al protagonista; trae la fuerza negativa de África, representa las tramas de allí y pretenden mantener la oligarquía». Enma. Es la mujer que tiene un idilio con el protagonista. Su madre le pide que lo abandone. «Representa la xenofobia porque ella pensaba que sus padres sí aceptaban a los inmigrantes». Moktar. Encarna a todos los inmigrantes que cruzan el Estrecho; cuenta su experiencia.