Cela, en silla de ruedas

JOSÉ BALAGUER. Colpisa MADRID

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El escritor acudió a la entrega de los premios «Hucha de oro» con un aspecto desmejorado Un Camilo José Cela algo desmejorado y necesitado del auxilio ocasional de una silla de ruedas hizo entrega ayer de los resucitados premios de cuentos «Hucha de oro», que organizan la Fundación de las Cajas de Ahorros Confederadas. «La locura del pañolero», de Fernando Pinilla, se alzó con el primer premio y sus cinco millones de pesetas de bolsa.

15 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cela no se mostró muy locuaz en el acto protocolario de la entrega de premios. El escritor se limitó a destacar la importancia que las Cajas de Ahorro habían concedido en esta iniciativa y a agradecerle su apoyo a la cultura. «Algo muy importante ya que todos necesitamos un mecenas» dijo. «Podíamos haber entregado más premios, pero hemos tenido que ajustarnos a las bases de las que disponíamos», afirmaba luego Cela, subrayando la gran calidad literaria que poseían a su juicio los cuentos. A esta edición del premio, abierta a todas las lenguas oficiales del Estado, se presentaron 2.538 cuentos, uno en eusquera, 17 en gallego, 143 en catalán, valenciano y mallorquín y el resto en castellano. «Yo no creo en los géneros -precisó el Nobel-, los cuentos son los cuentos y la novela es la novela; pero lo que más me ha llamado la atención ha sido la gran calidad literaria, su calidad en todos los sentidos». También puntualizó que «aunque la decisión para dar con los premiados ha sido muy laboriosa, puedo asegurar que se han dado con una honradez absoluta», declaraba Cela . La obra Suerte, de Juan Ricardo Gómez, recibió el segundo premio, dotado con dos millones de pesetas, y La tierra prometida, de Santiago Gascón, un millón de pesetas del tercero premio. El jurado eligió un total de 22 finalistas, cada uno de los cuales recibió 50.000 pesetas. Pinilla, el ganador del concurso, había participando ya en algunos concursos literarios. Afirmó haber recreado en su relato en «la huida de la pobreza, de la vejez y hasta de la muerte». Indicó que «me importa la huida, aunque es estéril, porque exige un esfuerzo y unos cambios que acaban siendo enriquecedores».