MIGUEL ANXO FERNÁNDEZ CRÍTICA DE CINE/THE BODY (EL CUERPO) La idea es fascinante. Si confirman que el esqueleto pertenece a Jesús, el edificio de la cristiandad se desploma. La producción intuía que un tema así para reforzarlo de rigor había que filmarlo en Jerusalén y Roma. Quizá no era asunto para un director primerizo y eso que el guión denota una estructura poderosa.
06 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Los elementos manejados por el guión no admiten dudas. Estamos en el crisol de religiones y culturas que es la actual Jerusalén (judíos moderados y ortodoxos, palestinos moderados y radicales, ortodoxos griegos...), una ciudad milenaria donde cualquiera que excave un sótano sabe que necesitará de un arqueólogo. Por eso aparece una tumba de hace dos mil años que provoca el natural revuelo en las partes interesadas al saberse que el muerto había sido crucificado, que pasaba de los treinta años, era carpintero y fue enterrado con un disco proclamándolo rey de los judíos. Israelíes y palestinos se interesan en el hallazgo porque puede suponer un giro radical para sus respectivas causas. También al Vaticano obstinado en prevalecer la Fe en su Iglesia, manda al sacerdote Matt Gutiérrez (Toñito Banderas) con la orden expresa de hacer lo imposible para que la historia siga su curso. Hasta ahí dos planos de la trama porque el último cae de cajón: La arqueóloga está de muy buen ver y además es chica corajuda. A todo esto, el hombre es carne y la sotana no hace otra cosa que cubrirla aunque no controlarla. El resto es imaginable pero el guión intenta no apurar las situaciones más allá de lo razonable en el contexto que maneja (voto de castidad). Los minutos finales trastocan el desenlace. Mientras, el espectador sabe la verdad (aparece una inscripción clarificadora), los afectados lo desconocen. ¿Tópicos? Los inevitables. En el Mosad hay tipos que van por libre y entre los palestinos sobran irracionales. Para gustos.