«Gabo» no es poeta en la Red

César Casal González
CÉSAR CASAL A CORUÑA

TELEVISIÓN

García Márquez desmiente que haya escrito un poema de despedida del mundo que circula por Internet García Márquez ha visto su talento dinamitado en Internet. Cosas de la gran telaraña mundial, de la red de redes. Un poema que lleva la firma del Nobel circula de ordenador en ordenador. La poesía, con el título de «La marioneta», sería su adiós al mundo. Nada que ver con la realidad. Los versos son un invento y el propio Gabo está molesto por la situación.

01 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

«Es una patraña». Estas palabras pudieron salir de la boca del magistral creador de Macondo y la saga de los Buendía. Gabriel García Márquez, que se recupera entre Los Ángeles y México D.F. de un cáncer linfático, está muy disgustado. Así lo manifestó tras enterarse de que circulaba por Internet un poema apócrifo bajo el título de La marioneta, que sería su personal manera de despedirse del mundo. Ni una cosa ni la otra. Gabo, pese a su grave enfermedad, todavía tiene la cabeza templada y jamás escribiría unas líneas «tan cursis». El Nobel disparó con ironía que «lo que más me ha disgustado de este asunto es que la gente pueda pensar que escribo tan mal». Razón no le falta. El poema en cuestión, que miles de internautas de todo el planeta han recibido por e-mail, se las trae. Pretende ser místico y sólo llega a hortera. Aspira a filosófico y se queda en cuatro obviedades sobre cómo ir por la vida. Pero nada como leer unas líneas para darse cuenta de que el autor que soñó ser García Márquez necesita apuntarse a un curso de escritura rápida o jamás podrá regalarle al mundo la segunda parte de El amor en los tiempos del cólera. Ahí va: «Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más, entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demas se detienen, despertaría cuando los demas duermen. Escucharía cuando los demás hablan, y cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate». Terrible, ¿no? El autor se merecería Cien años de castigo.