El cine popularizó el clásico de la literatura infantil, que ahora se reedita en España con los dibujos originales «He escrito `El maravilloso Mago de Oz'' con el único propósito de entretener a los niños de hoy en día». Así se explicaba Lyman Frank Baum hace un siglo, cuando la primera edición de su relato llegaba a la librerías norteamericanas para renovar la tradición de los cuentos de hadas. Cien años después, su cuento, universalizado por el cine, es un doble clásico del séptimo arte y de la literatura infantil. En España acaba de reeditarlo Anaya con las ilustraciones originales de William Wallace Denslow.
04 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.«Pretende ser un cuento de hadas moderno en el que se conserve el sentido de lo maravilloso y la alegría, evitando así las situaciones dolorosas y las pesadillas», advertía Baum sobre la intención de la aventura de Dorothy, una jovencita a la que un ciclón arrastra desde la granja en la que vive con sus tíos al mundo mágico de Oz. Se trata de un fantástico paraje habitado por seres como un espantapájaros charlatán, un leñador de lata o el león cobarde.
Baum llegaría a escribir una quincena de títulos de la serie de Oz, pero no conoció el éxito de la versión cinematográfica, que no llegaría hasta 1940.
Versión cinematorgráfica
El primer mago de Oz del cine aparecería en 1925, una versión muda protagonizada por Larry Semon y Oliver Hardy, pero la superproducción The Wizard of Oz, con Judy Garland como Dorothy y Frank Morgan como Oz, se filmó en 1939. Ray Bolger fue el hombre lata y Victor Fleming, el director.
También triunfó, y mucho, la versión teatral que produjo y escribió Baum poco después de su primer éxito editorial. El escritor quiso publicar los cuentos que contaba a sus hijos (la base de Oz) con el título de La ciudad Esmeralda, pero su editor, Geroge M. Hill, le impuso el de El maravilloso mago de Oz. La clave de su éxito estuvo en un lenguaje sencillo y su capacidad para modernizar el cuento de hadas sin renunciar a los elementos clásicos: brujas, hadas, monstruos y abundancia de aventuras para una heroína, Dorothy, equiparable a Peter Pan, Alicia o Pinocho.
Para Baum, el cuento de hadas a la antigua usanza era algo «histórico; ha llegado el momento de que surjan relatos maravillosos más modernos en los que se eliminen los genios, enanos y hadas estereotipados además de todo incidente escalofriante que los autores imaginaban para resaltar la pavorosa moraleja de cada cuento», escribía Baum en su introducción a la primera edición.