De la playa al taller: el proyecto que transforma residuos plásticos en empleo
SOCIEDAD
Voga-Voga, de la asociación Misela, ofrece formación y trabajo a jóvenes y adultos con diversidad funcional
19 mar 2026 . Actualizado a las 04:47 h.En una antigua escuela unitaria de O Freixo, al pie de la ría de Muros e Noia, 15 personas con diversidad funcional trituran, ensimismadas, piezas de plástico; luego las funden y, después, las convierten en nuevos productos útiles, dándoles una segunda vida. Son usuarios de la Asociación Misela, entidad privada sin ánimo de lucro que desde hace más de 30 años trabaja para promover el desarrollo personal y social de las personas con discapacidad. Ocupan cada uno su puesto, formados específicamente para una labor que desempeñan con compromiso y mucho mimo.
«Nos sentimos muy satisfechos, tanto a nivel laboral como a nivel emocional», cuenta Segundo Lado, operario de inyección. «Sacamos lo mejor de nosotros mismos —continúa—. Yo me encargo del producto final, pero en realidad estoy involucrado en todo. Nos preocupamos mucho de que todo salga perfecto e incluso solemos ir a exposiciones para que se vea el trabajo que hacemos». ¿Qué es lo más complicado? Segundo apenas duda: «Que el producto salga tal y como queremos que salga, que tenga un buen acabado». ¿Y de qué piezas se siente más orgulloso? A esta última pregunta, que es casi como querer saber a qué hijo quiere uno más, responde con una envidiable elegancia: «De todas. Es muy satisfactorio poder sacarles su mayor rendimiento».
El proyecto Voga-Voga, impulsado por la Fundación ”la Caixa” a través de sus convocatorias de proyectos sociales, va camino ya de cumplir cuatro años e inicia ahora una nueva etapa enfocada a consolidar una empresa social para ofrecer un espacio laboral protegido a personas con discapacidad intelectual o mixta mayores de 16 años. Este paso representa la profesionalización del proceso, integrando la actividad productiva con la comercial, de venta de productos reciclados. «Surge por la necesidad de dar una salida ocupacional a los usuarios de nuestro centro —explica Tere Abuín, a educadora social de Misela—. Ya realizábamos limpiezas de playas con ellos, así que, investigando, encontramos una vía para juntar estas dos vertientes: la del reciclaje de plásticos».
Emprendieron la aventura desde cero. Abuín y su compañera Sara Lojo, maestra de educación especial, se formaron en la fundición del plástico, buscaron financiación, se instalaron en el aula sostenible de O Freixo —cedida por el concello de Outes— y se hicieron con hasta cuatro máquinas: trituradoras, inyectoras y extrusoras. Los productos que diseñan en equipo responden además a necesidades reales del entorno local: agujas para redeiras, cinturones para mariscadoras, peines y cepillos de parafina para tablas de surf. Periódicamente se reúnen con la gente del pueblo, para saber qué necesitan y, todos, se ponen manos a la obra, fomentando la economía circular y fortaleciendo el vínculo con sectores tradicionales y emergentes, especialmente del ámbito marino. Voga-Voga rema, como su nombre indica, para ser algún día un centro especial de empleo. Segundo se despide con un último apunte: «La clave, siempre, es ponerle interés».