Ocho de cada diez mujeres que trabajan en innovación señalan a la maternidad como el gran obstáculo de su carrera

redacción LA VOZ

SOCIEDAD

La ministra de Ciencia, Diana Morant, en el centro, y otras representantes del departamento durante la presentación del informe
La ministra de Ciencia, Diana Morant, en el centro, y otras representantes del departamento durante la presentación del informe Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades | EFE

Solo ocupan el 15 % de los puestos de liderazgo en las pymes y el 13 % denuncia haber sufrido acoso por razón de sexo

05 mar 2026 . Actualizado a las 17:30 h.

El camino hacia la igualdad en el sistema de innovación español avanza, pero a un ritmo excesivamente lento. Según el informe «Mujeres e Innovación 2026», presentado este jueves por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades en colaboración con la FECYT, la presencia de mujeres en actividades de innovación empresarial se sitúa en el 29,2 %, apenas un punto más que hace dos años. El documento arroja una radiografía clara: cuanto más aumenta el poder, la visibilidad o la relevancia económica, más desaparece la mujer. El dato más crudo se encuentra en las pymes innovadoras, donde solo el 15 % de las representantes legales son mujeres, lo que evidencia un techo de cristal que parece inamovible en la cúpula del sector privado. «Avanzamos más despacio de lo que nos gustaría», destacó la ministra Diana Morant, que apuntó que «ampliar el concepto de innovación es ampliar el futuro» y por eso, ha anunciado que desde el Gobierno «vamos a ampliar la innovación al impacto social y a los servicios públicos, esos espacios donde muchas mujeres han desarrollado su innovación, durante años».

El informe no solo aporta cifras de la presencia femenina en este ámbito, sino que analiza las barreras culturales y estructurales. Un abrumador 81 % de las mujeres encuestadas considera que la maternidad sigue siendo un freno real para su carrera profesional. Además, existe una notable brecha de percepción entre géneros: mientras que el 65 % de los hombres cree que las medidas de igualdad actuales son suficientes, solo el 38 % de las mujeres comparte esa opinión.

La seguridad en el entorno laboral también es motivo de preocupación, con un 13 % de las profesionales denunciando haber sufrido acoso por razón de sexo y un 4,6 % acoso sexual dentro del sistema de innovación.

Brecha en la transferencia y patentes

En el ámbito del conocimiento, el informe detecta una «segregación horizontal». Las mujeres lideran en áreas como la biomedicina, pero su presencia es minoritaria en las tecnologías físicas y las ingenierías (STEM). Aunque en las universidades la participación femenina es paritaria en investigación y gestión, la brecha se abre en la transferencia tecnológica (la llegada del conocimiento al mercado). En cuanto a la propiedad industrial, las mujeres solo representan el 27,8 % de las solicitudes de patentes internacionales (PCT).

El poder corrector de la financiación pública

Como nota positiva, el estudio destaca que las ayudas públicas están actuando como un motor de cambio. El empleo femenino generado a través de las convocatorias del CDTI ha superado el 40 % en el 2024, demostrando que la inversión del Estado ayuda a equilibrar la balanza. Sin embargo, persisten sesgos en las cuantías: en programas como Torres Quevedo, las mujeres reciben ayudas menores debido a que estas se calculan sobre salarios previos, arrastrando así la brecha salarial del mercado.

El informe concluye con una propuesta ambiciosa: redefinir qué entendemos por innovación. Los autores sostienen que el sistema actual prioriza lo tecnológico y lo industrial —ámbitos tradicionalmente masculinizados— e invisibiliza la innovación social, organizativa y de valor público, donde las mujeres tienen un papel protagonista. «Solo una concepción más amplia permitirá un sistema más justo, diverso y eficaz», sentencia el documento.

El estudio señala desigualdades acentuadas en ciertas áreas y ámbitos. Según ha reivindicado la ministra de Ciencia, Diana Morant, «innovar no es solo patentar o desarrollar tecnología. También es mejorar servicios públicos, transformar organizaciones o generar impacto social». En este sentido, Morant ha defendido que, como explicó la historiadora Mary Beard, «no se trata de hacer que las mujeres encajen en las estructuras de poder existentes, sino de cambiar esas estructuras».